Pyotr resultó ser un contenedor de cerveza de 500 litros. Lara y Vera, lo seguían muy de cerca en el score, mientras que Nikolai y yo eramos de los mas moderados. Nikolai preferia ver los miles de fotos enmarcadas y viejos carteles colgados de la pared. Yo preferia ver a Lara.
Entre una cosa y otra, se hicieron las 6 de la tarde y la borrachera ya asomaba bastante. Ahí estábamos los 5 apoyados en el estaño, pidiendo una y otra y otra cerveza, riendo y mirándonos con caras extrañas cuando alguna palabra que no entendíamos surcaba el aire. Y volvía a estallar la carcajada. Cuando se acabó la decimoquinta cerveza, decidimos que era hora de volver al hotel (de ellos) para que se prepararan para la noche.
En aquel entonces, yo vivía bastante lejos del centro, así que opté por aceptar la invitación de ducharme y cambiarme en su hotel. Compré un poco de ropa para salir. Recordemos, que aún en el 2001 existía la famosa convertibilidad y el dinero era casi una cuestión menor, así que compré una camisa, un pantalón, unas medias y unos interiores. Creo que el espíritu de camaradería reinante era fruto de la cerveza ingerida. De otra forma, jamás se me hubiera ocurrido encerrarme en un cuarto de hotel con cuatro rusos desconocidos. Pero, así como este episodio, tengo varios mas… que algún día narraré.
Por lo pronto, estábamos listos para salir, eran las 9 de la noche y enfilamos para un pequeño escondrijo tanguero sobre Paseo Colon, por allá por San Telmo, casi frente a una estación de servicio Shell. Los rusos estaban enloquecidos, el ambiente era fabuloso, y aquella noche una tanguera de las de antes desgarró el aire con su voz potente y triste. Hasta despunté algunos pasitos con Lara, que se animaba a bastante mas que yo, porteño natural. Pyotr seguía tomando cerveza, demostrando una capacidad increíble para almacenar líquidos peligrosos. Kolya, estaba en un franco plan de diversión. No importaba que pasara, el siempre gritaba algo que parecia ser un aullido de felicidad. Primero festejámos sus intervenciones, pero lentamente se hizo insoportable escucharlo cada 15 minutos. Terminamos por ignorarlo cruelmente.
Salimos de ahí a las 12 de la noche, y los pequeños rusos no tenían muchas ganas de dormir. Eso estaba más que claro. Los subí nuevamente a un taxi (San Telmo es jodido un miércoles a las 12 de la noche) y le dí nuevamente las indicaciones al tachero, y con Nikolai nos subimos a otro atrás. El destino eran los bares irlandeses de Retiro. En el viaje, Kolya, se asomaba por la ventanilla, y seguía gritando como desaforado, mientras el taxista me miraba de reojo por el espejo retrovisor.
- Es ruso… - le dije, como si eso fuera un buen justificativo
- Y si, los rusos son así…
- ¿Conociste muchos rusos?
- No, este es el primero
- …
- Y espero que el último.
- ...
- ¿Podes creer que llegaron al espacio antes que nosotros estos boludos?
- ¿Y para que querríamos nosotros llegar al espacio?.
- …
Viajamos en silencio, hasta llegar a retiro, silencio interrumpido sistemáticamente por Nikolai que seguía asomado como perro que lo llevan a pasear.
Llegamos al Kilkenny, me bajé, y pague el taxi de la primer misión rusa, más el mío. Era un gesto necesario en ese plan de levante que había empezado a pergeñar algunas pocas horas atrás. Entramos, y empezamos a pasar entre la gente, el lugar estaba atestado. Francamente no creí que Pyotr siguiera tomando, pero me equivoqué. Se pidió una de esas tablas con 6 tipos de cervezas, y las liquidó antes de lo que creía humanamente posible. Después de eso desapareció en la multitud. Vera que era la intérprete, desapareció también, pero atrás de un morocho enorme. Evidentemente, la cacería había comenzado. Me quedé entonces con Nikolai, el ahora conocido como "perro gritón", y con Lara, que ya estaba un poco aturdida por el trago constante. Un poco.
¡Recordemos que estábamos tomando sin pausa desde el mediodía!.
Yo tuve que hacer varios altos, ya que si bien estaba acostumbrado a tomar fuerte, también tenía límites humanos. Los rusos no, y supuse entonces que por eso habían llegado antes que nosotros al espacio. Lo resistían todo.
Conseguimos unos bancos en el primer piso, (están frente a unas pequeñas barras individuales) y nos sentamos. Lara quería comer algo, y lo demostró con gestos, lo cual fue bastante triste de ver, pero divertido de recordar. Me levanté, y Nikolai me acompañó. Llegué a la barra y pedí pochoclo salado, y una tabla de quesos. Mientras esperaba, lo miré a Nikolai y sonreí, frente a ese rostro feliz, y le dije “la estas pasando bien ¿eh?”. Por supuesto no me entendió. De pronto, me tomó la cara con ambas manos, y me besó.
En la boca.
Miré de reojo al costado y veo al flaco de la barra, que estaba con la taba de quesos y el pochoclo, mirándonos. Quise explicar algo, pero la mirada de “no me interesa” fué mas fuerte. Agarré la comida y me fuí. Le hice saber a Nikolai que no me interesaba otro de esos besos, y lo entendió, supongo que por el tono de voz. Para mi asombro, al instante se fué detrás de una mujer. Magnifico tipo este, que aparentemente le gustaba todo lo que habia en el mercado. Mas tarde lo vi por ahí, tirado, a los besos con la misma señorita. A mí entonces, me había quedado a cargo la hambrienta Lara.
Lara era muy bonita, con su pelo negro corto y sus ojos celestes, su piel extremadamente blanca, su sonrisa cautivante. Comimos, reímos, y le tomé la mano como por descuido. Intenté hacerle entender que me cautivaba, que me parecía hermosa. Ella ya lo sabía.
Nos besamos largamente. Besos ricos, besos suaves. Besos rusos y argentinos, se me ocurre que fueron besos internacionales. Después de eso, nos abrazamos, agradecidos.
---------------- continuara ------------------------------------
martes, 30 de septiembre de 2008
lunes, 29 de septiembre de 2008
De Rusia con amor - 2da parte
Tome el mapa con resignación, y lo di vuelta. Sonrió e hizo una mueca de “ahora si”. Le hice entender mediante señas y dedazos al mapa donde estábamos parados. Se adueñó del silencio como quien se sabe en riesgo de muerte, acechado cruelmente por un asesino. Permaneció en silencio ante la impotencia de la barrera idiomática. Ante un potencial asesino, que mata con vergüenza e indiferencia. Y entonces, cuando se hizo imperante, habló.
- I erdu drujish… - dijo el
- Claro… ganó el domingo 2-0 y esta a 3 puntos de River – le conteste sin esperanzas
- I erdu drujish… drujish… frens… frens
- … - esta vez el silencio fue mío
- Frens … drujish
- ¡¡ Umesh !!
En eso estabamos enfrascados, hablando apasionados como comerciantes turcos en el Deli Bazaar, cuando se nos acercaron dos mujeres y otro hombre. Jóvenes también. Las mismas características. Belleza. Rasgos duros y armoniosos. Los mire con la desesperanza encarnada. Mas rusos. Mas “umesh”, mas “frens”, mas “drujish” y esas cosas. Mas papa, arvejas, zanahoria y mayonesa. Mas ensalada rusa.
Y ante la imposibilidad de acercarme a cualquiera de las damas, por el idioma y porque evidentemente eran dos parejas, iba a ser difícil que optara quedarme, eso prometia ser una tortura, y además, se me hacia la hora de volver al curso. Igualmente, cualquier excusa me hubiera servido de escape, ya que aparentemente no entendían nada de lo que podría decirles. Y entonces una de ellas hablo con acento raro.
- Pyotr no entiende castellano…
- Ah… Pyotr… ¿Qué es i erdu drujish?
- “Espero a unos amigos”… nosotros somos sus amigos
- Claro… drujish… frens… friends…(seguro lo habian aprendido de la serie)
- Mi nombre es Vera, ella es Larisa, y el es Nikolai
- Diego. No tengo nombre sofisticado como ustedes…
Vera, que oficiaba de intérprete, estaba viviendo hacia unos meses en Buenos Aires. La unión europea la había enviado a hacer una pasantía en una empresa de aguas comprada por una firma francesa. Larisa (su diminutivo era Lara), Pyotr (Petya) y Nikolai (Kolya) eran viejos amigos, desde la infancia habían soñado con cruzar el ecuador y conocer el otro lado del mundo. Andaban haciendo turismo en la ciudad, y buscaban en el mapa sitios interesantes. Por supuesto, en el frío mapa, nada de lo realmente interesante aparecía.
- ¿Dónde podemos pasar la tarde? – preguntó Vera
- Bueno… hay tanto para ver…
Vera me mostró el mapa, con esperanza de que le marque con exactitud donde se encontraban los lugares interesantes, o lo que es parecido, donde encontrar buenos momentos. Me dije entonces, que era imposible. O me integraba al grupo sovietico, o me desentendia del asunto, y salia corriendo al grito de “vamo vamo Argentina”.
Mire el reloj, el curso había arrancado ya hacia 10 minutos, y tuve que decidir si oficiar de guía con estos simpáticos visitantes, o volver a dormirme viendo la historia del MIDI y su línea cronológica de progreso. Me ofreci a acompañarlos, y aceptaron de buena gana.
En 15 minutos, taxis mediante, estuvimos en el bar Dorrego de San Telmo. Nos sentamos en la vieja barra, y ante la mirada agria de los mozos, nos apropiamos de varias compoteras de plastico llenas de mani tostado, y pedimos tambien cerca de 12 cervezas de litro durante aquella pegajosa tarde de verano.
- I erdu drujish… - dijo el
- Claro… ganó el domingo 2-0 y esta a 3 puntos de River – le conteste sin esperanzas
- I erdu drujish… drujish… frens… frens
- … - esta vez el silencio fue mío
- Frens … drujish
- ¡¡ Umesh !!
En eso estabamos enfrascados, hablando apasionados como comerciantes turcos en el Deli Bazaar, cuando se nos acercaron dos mujeres y otro hombre. Jóvenes también. Las mismas características. Belleza. Rasgos duros y armoniosos. Los mire con la desesperanza encarnada. Mas rusos. Mas “umesh”, mas “frens”, mas “drujish” y esas cosas. Mas papa, arvejas, zanahoria y mayonesa. Mas ensalada rusa.
Y ante la imposibilidad de acercarme a cualquiera de las damas, por el idioma y porque evidentemente eran dos parejas, iba a ser difícil que optara quedarme, eso prometia ser una tortura, y además, se me hacia la hora de volver al curso. Igualmente, cualquier excusa me hubiera servido de escape, ya que aparentemente no entendían nada de lo que podría decirles. Y entonces una de ellas hablo con acento raro.
- Pyotr no entiende castellano…
- Ah… Pyotr… ¿Qué es i erdu drujish?
- “Espero a unos amigos”… nosotros somos sus amigos
- Claro… drujish… frens… friends…(seguro lo habian aprendido de la serie)
- Mi nombre es Vera, ella es Larisa, y el es Nikolai
- Diego. No tengo nombre sofisticado como ustedes…
Vera, que oficiaba de intérprete, estaba viviendo hacia unos meses en Buenos Aires. La unión europea la había enviado a hacer una pasantía en una empresa de aguas comprada por una firma francesa. Larisa (su diminutivo era Lara), Pyotr (Petya) y Nikolai (Kolya) eran viejos amigos, desde la infancia habían soñado con cruzar el ecuador y conocer el otro lado del mundo. Andaban haciendo turismo en la ciudad, y buscaban en el mapa sitios interesantes. Por supuesto, en el frío mapa, nada de lo realmente interesante aparecía.
- ¿Dónde podemos pasar la tarde? – preguntó Vera
- Bueno… hay tanto para ver…
Vera me mostró el mapa, con esperanza de que le marque con exactitud donde se encontraban los lugares interesantes, o lo que es parecido, donde encontrar buenos momentos. Me dije entonces, que era imposible. O me integraba al grupo sovietico, o me desentendia del asunto, y salia corriendo al grito de “vamo vamo Argentina”.
Mire el reloj, el curso había arrancado ya hacia 10 minutos, y tuve que decidir si oficiar de guía con estos simpáticos visitantes, o volver a dormirme viendo la historia del MIDI y su línea cronológica de progreso. Me ofreci a acompañarlos, y aceptaron de buena gana.
En 15 minutos, taxis mediante, estuvimos en el bar Dorrego de San Telmo. Nos sentamos en la vieja barra, y ante la mirada agria de los mozos, nos apropiamos de varias compoteras de plastico llenas de mani tostado, y pedimos tambien cerca de 12 cervezas de litro durante aquella pegajosa tarde de verano.
viernes, 26 de septiembre de 2008
De Rusia con amor
Espero que tengan ganas de leer, porque esta historia es larga (y real). La primera parte.
De Rusia con amor
En el 2001, me tocó vivir un hecho insólito. Yo estaba asistiendo en el microcentro a un curso de “la música en la enseñanza media”. Si. Un curso para docentes músicos. En la calle Florida, al 800, estaba el lugar donde dictaban este curso, justo frente a Harrods. Y al mediodía, yo salía a comer a un restaurante vegetariano que estaba a pocas cuadras. Solo. Siempre. Como de costumbre.
Aquel mediodía venia un poco más atento que lo usual, y esa atención, me permitió ver a una vieja amiga, parada en la puerta de las galerías pacífico. Hacia años que no veía a Mariela, y me acerque a ella, con la intención de intercambiar datos personales y algún día juntarnos a charlar. La saludé, y ella me miró como se mira a un desconocido, y recordó vagamente la época de nuestras vidas donde compartíamos a diario los veranos en la pileta del club comunicaciones. Me dijo que estaba apurada. Me dió un beso rápido y se fué, veloz, perdiéndose entre la gente. Y quedé entonces, con un recuerdo que se sentía erróneo, y con una idea bastante acertada de lo que fuí en su vida.
Entre ese mar de gente, quedé solo. Un naufragio en plena ciudad. Los restos de la nave llegaban con las olas a la orilla y yo, miraba al horizonte circundante, en busca de un barco que viniera al rescate. Y apareció entonces, un mapa desplegado de la ciudad, y unos dedos finos y blancos sosteniéndolo al revés. No pude más que reírme. Estaba salvado.
Me acerqué, y vi que detrás del mapa, había un rostro joven, con una incipiente barba que se había salvado hasta ese momento de la afeitada diaria. Los rasgos eran duros pero armónicos. Unos 25 años se adivinaban en los ojos frescos y sinceros. Intente comunicarme en español…
- ¿Necesitas ayuda?
- …
- ¿ajuda?¿help?¿aide?¿hilfe?
- …
- ¿umesh? (siempre es bueno saber la palabra “ayuda” en varios idiomas)
- ¡ Iejle !
Cagamos… de todos los idiomas en el planeta, ¡justo tenia que ser el ruso! ¡Hubiera preferido el japonés!
------------ Continuará ----------------------
De Rusia con amor
En el 2001, me tocó vivir un hecho insólito. Yo estaba asistiendo en el microcentro a un curso de “la música en la enseñanza media”. Si. Un curso para docentes músicos. En la calle Florida, al 800, estaba el lugar donde dictaban este curso, justo frente a Harrods. Y al mediodía, yo salía a comer a un restaurante vegetariano que estaba a pocas cuadras. Solo. Siempre. Como de costumbre.
Aquel mediodía venia un poco más atento que lo usual, y esa atención, me permitió ver a una vieja amiga, parada en la puerta de las galerías pacífico. Hacia años que no veía a Mariela, y me acerque a ella, con la intención de intercambiar datos personales y algún día juntarnos a charlar. La saludé, y ella me miró como se mira a un desconocido, y recordó vagamente la época de nuestras vidas donde compartíamos a diario los veranos en la pileta del club comunicaciones. Me dijo que estaba apurada. Me dió un beso rápido y se fué, veloz, perdiéndose entre la gente. Y quedé entonces, con un recuerdo que se sentía erróneo, y con una idea bastante acertada de lo que fuí en su vida.
Entre ese mar de gente, quedé solo. Un naufragio en plena ciudad. Los restos de la nave llegaban con las olas a la orilla y yo, miraba al horizonte circundante, en busca de un barco que viniera al rescate. Y apareció entonces, un mapa desplegado de la ciudad, y unos dedos finos y blancos sosteniéndolo al revés. No pude más que reírme. Estaba salvado.
Me acerqué, y vi que detrás del mapa, había un rostro joven, con una incipiente barba que se había salvado hasta ese momento de la afeitada diaria. Los rasgos eran duros pero armónicos. Unos 25 años se adivinaban en los ojos frescos y sinceros. Intente comunicarme en español…
- ¿Necesitas ayuda?
- …
- ¿ajuda?¿help?¿aide?¿hilfe?
- …
- ¿umesh? (siempre es bueno saber la palabra “ayuda” en varios idiomas)
- ¡ Iejle !
Cagamos… de todos los idiomas en el planeta, ¡justo tenia que ser el ruso! ¡Hubiera preferido el japonés!
------------ Continuará ----------------------
jueves, 25 de septiembre de 2008
Musica
Escucho musica siempre que puedo. Hasta pase por un conservatorio nacional gracias al amor por la musica. Hasta me enamore en ese conservatorio, gracias a la musica.
Aprendi a tocar el piano y otros diversos instrumentos, que para aquel que me entiende, ponerse a tocar es como masturbarse. Uno se complace a si mismo, a su alma, a sus oidos. Uno se toca lo que quiere escuchar, y canta a grito pelado como gallo al amanecer. Y ahora, mi hijo, el pequeño integrante, demuestra dia a dia que tiene un oido maravilloso, afortunado, asi como me toco a mi. Y repite canciones complicadas. Canta. Canta y canta con solo 2 años. Le gusta todo tipo de musica. No solo eso. Se va con sus compactos, se sienta frente al grabadorcito en el piso, y se pone la musica que quiere escuchar. Y se queda horas... embelesado, mirando al aparatejo que le reproduce la musica que a el le gusta.
Asi, en una sola sesion, pueden pasar el pop, el folclore, clasica, rock, punk, electronica... Ciertas canciones me atraviesan como rayos X, me sacuden, me revolean y me dejan aturdido.
Puedo nombrar momentos en "Last Chance On The Stairway" de Duran Duran, "The Song Remains The Same" de Zeppelin, Pink Floyd, Morcheeba, Pedro Aznar, Alice In Chains, Maceo Parker, Dave Matthews Band, Radiohead, Angela Irene, Chopin, Haydn, Coldplay, Soda Stereo, Divididos, Los Redonditos... muchisima musica hay por ahi que me reconforta, que me eleva o me hunde. Que me hace sentir vivo.
En breve, voy a intentar hacer una lista de los temas indispensables en la vida de todo esculapio.
Dale. Contame. Decime que musica te llena el alma. Ayudame a armarla.
Aprendi a tocar el piano y otros diversos instrumentos, que para aquel que me entiende, ponerse a tocar es como masturbarse. Uno se complace a si mismo, a su alma, a sus oidos. Uno se toca lo que quiere escuchar, y canta a grito pelado como gallo al amanecer. Y ahora, mi hijo, el pequeño integrante, demuestra dia a dia que tiene un oido maravilloso, afortunado, asi como me toco a mi. Y repite canciones complicadas. Canta. Canta y canta con solo 2 años. Le gusta todo tipo de musica. No solo eso. Se va con sus compactos, se sienta frente al grabadorcito en el piso, y se pone la musica que quiere escuchar. Y se queda horas... embelesado, mirando al aparatejo que le reproduce la musica que a el le gusta.
Asi, en una sola sesion, pueden pasar el pop, el folclore, clasica, rock, punk, electronica... Ciertas canciones me atraviesan como rayos X, me sacuden, me revolean y me dejan aturdido.
Puedo nombrar momentos en "Last Chance On The Stairway" de Duran Duran, "The Song Remains The Same" de Zeppelin, Pink Floyd, Morcheeba, Pedro Aznar, Alice In Chains, Maceo Parker, Dave Matthews Band, Radiohead, Angela Irene, Chopin, Haydn, Coldplay, Soda Stereo, Divididos, Los Redonditos... muchisima musica hay por ahi que me reconforta, que me eleva o me hunde. Que me hace sentir vivo.
En breve, voy a intentar hacer una lista de los temas indispensables en la vida de todo esculapio.
Dale. Contame. Decime que musica te llena el alma. Ayudame a armarla.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Noches de Anestesia - Noche I
Aquella mañana, la Dra Talamone había iniciado lo que sería una exitosa cirugía en el Sr Meneses. Una fractura de tibia y perone necesitaba una intervención divina, y la Dra Talamone era precisamente eso. No solo era una excelente cirujana. También estaba divina.
Meneses no era boludo, y ya antes de la cirugía, había insinuado algunas intenciones no muy santas a la bella doctora. Apenas se recuperó del tiopental y la meperidina, empezó a buscarla con la vista. Pero lo que vió fue algo que no esperaba. Ahí estaba un angel sentado a su lado, con rostro benevolente y una luminosidad inusitada. Estaba ahí para darle alguna señal, un mensaje de paz, una directiva del altísimo...
- Soy el ángel Teo...
- ¡Correte boludo, que no me dejas ver a la enfermera!
- Pero Daniel... traigo un mensaje de...
- Esa nena tiene unas tetas increíbles... ¡correte pajarito !
El angel, decepcionado, confundido, se cambió de silla. Se preguntó si realmente estaba en el lugar correcto. Cuando se acercó Lidia, la enfermera en cuestión, el ángel Teodoro se levantó, miró derrotado al cielo (al cielorraso), y lentamente se fue desvaneciendo en el aire.
- Hola Daniel, soy Lidia, estoy para lo que necesites. Soy la enfermera de la tarde.
- Lidia Lidia... - dijo con la mirada de Dracula - te necesito tanto...
- Quedese tranquilo, vamos a tomar liquido de a poco, a descansar
- Necesito que te quedes conmigo...
- Estoy acá...
- ... para siempre
Lidia se sonrió, y dió media vuelta. Cuando se iba, Meneses vió que había aun mas para maravillarse en esta mujer. Pensó en las estrategias picaflorescas, en las posiciones sexuales que podría llegar a hacer con todo ese yeso y esos hierros.
Llamaba a Lidia a cada rato, y ella venia, siempre, con una sonrisa. Devolvía todas las artimañas de Meneses con otras mejores, que elevaban la tensión sexual, y la tensión arterial del pobre paciente. Llegada la media tarde, ella le dijo :
- Daniel, se un buen paciente, y esperá la noche
- ¿violás solo por las noches? - pregunto el zopenco
- Si... y no sabés lo buena que soy en el oral. Y el escrito ni te cuento.
Le guiñó el ojo al pobre quebrado, que se quedó sin palabras. "Espera la noche" le dijo ella, y miró por la ventana al sol, con odio, pidiéndole que se vaya inmediatamente. La cabeza le explotaba.
Lidia se interesó por el, y no solo eso, a la noche iba a tener su fiestita privada.
Se durmió un rato, para que pase rápido la hora, pero en sus sueños solo veía imágenes de Lidia, por lo que fue una tortura desde el comienzo, al fin. Necesitaba que llegue la noche.
Lo despertó Lidia a las 6 de la tarde. Lo acompañó al baño, lo esperó afuera (el pensó que era para no despertar sospechas), y lo volvió a acompañar a la cama. Cuando estuvo acostado, le dijo:
- Bueno, ahora, descansa un rato más. En una hora vuelvo y te doy lo que querés.
Meneses no lo podía creer. Al final, todas esas historias de hospital que había escuchado, eran ciertas. La enfermera atorranta era un mito que convertía en realidad. No pudo dormir, y pasó la hora. Apareció la Dra Talamone, para su sorpresa.
- Daniel, ¿como va eso?
- Bien doc. Y ahora que la veo...
- Vas a tomar una cefalexina, un diclofenac sódico, y mucho reposo.
- ¿no quiere venir a casa a verme?
- No, tengo mil cosas mejores que hacer. Pero podemos pedir que vaya Lidia
- Si, también, pero si vinieran las dos...
- Ah... Vas a fondo ¿eh?...
- Bueno, es que yo pensaba...
- Yo también voy a fondo... Espera a esta noche y vas a ver...
Meneses sintió que la cabeza no le alcanzaba para la cantidad de ratones que tenía. ¿Las dos juntas?¿podría ser esto posible?¿Era tan apetecible él?
Se durmió, hasta que lo vinieron a buscar dos residentes, grandotes. Lo ayudaron a vestirse y a caminar con las muletas.
- ¿Para que me visten si tengo que pasar la noche acá? - preguntó sorprendido
- Te vas de alta. Tenés el taxi en la puerta.
- Pero... yo...
- A menos que quieras una enema... hecha por nosotros
Ni Lidia ni la Dra aparecieron para despedirlo.
Llegó a su casa, pagó el taxi y subió como pudo a su departamento. Se pasó la noche despierto.
Por supuesto, nadie toco el timbre.
Meneses no era boludo, y ya antes de la cirugía, había insinuado algunas intenciones no muy santas a la bella doctora. Apenas se recuperó del tiopental y la meperidina, empezó a buscarla con la vista. Pero lo que vió fue algo que no esperaba. Ahí estaba un angel sentado a su lado, con rostro benevolente y una luminosidad inusitada. Estaba ahí para darle alguna señal, un mensaje de paz, una directiva del altísimo...
- Soy el ángel Teo...
- ¡Correte boludo, que no me dejas ver a la enfermera!
- Pero Daniel... traigo un mensaje de...
- Esa nena tiene unas tetas increíbles... ¡correte pajarito !
El angel, decepcionado, confundido, se cambió de silla. Se preguntó si realmente estaba en el lugar correcto. Cuando se acercó Lidia, la enfermera en cuestión, el ángel Teodoro se levantó, miró derrotado al cielo (al cielorraso), y lentamente se fue desvaneciendo en el aire.
- Hola Daniel, soy Lidia, estoy para lo que necesites. Soy la enfermera de la tarde.
- Lidia Lidia... - dijo con la mirada de Dracula - te necesito tanto...
- Quedese tranquilo, vamos a tomar liquido de a poco, a descansar
- Necesito que te quedes conmigo...
- Estoy acá...
- ... para siempre
Lidia se sonrió, y dió media vuelta. Cuando se iba, Meneses vió que había aun mas para maravillarse en esta mujer. Pensó en las estrategias picaflorescas, en las posiciones sexuales que podría llegar a hacer con todo ese yeso y esos hierros.
Llamaba a Lidia a cada rato, y ella venia, siempre, con una sonrisa. Devolvía todas las artimañas de Meneses con otras mejores, que elevaban la tensión sexual, y la tensión arterial del pobre paciente. Llegada la media tarde, ella le dijo :
- Daniel, se un buen paciente, y esperá la noche
- ¿violás solo por las noches? - pregunto el zopenco
- Si... y no sabés lo buena que soy en el oral. Y el escrito ni te cuento.
Le guiñó el ojo al pobre quebrado, que se quedó sin palabras. "Espera la noche" le dijo ella, y miró por la ventana al sol, con odio, pidiéndole que se vaya inmediatamente. La cabeza le explotaba.
Lidia se interesó por el, y no solo eso, a la noche iba a tener su fiestita privada.
Se durmió un rato, para que pase rápido la hora, pero en sus sueños solo veía imágenes de Lidia, por lo que fue una tortura desde el comienzo, al fin. Necesitaba que llegue la noche.
Lo despertó Lidia a las 6 de la tarde. Lo acompañó al baño, lo esperó afuera (el pensó que era para no despertar sospechas), y lo volvió a acompañar a la cama. Cuando estuvo acostado, le dijo:
- Bueno, ahora, descansa un rato más. En una hora vuelvo y te doy lo que querés.
Meneses no lo podía creer. Al final, todas esas historias de hospital que había escuchado, eran ciertas. La enfermera atorranta era un mito que convertía en realidad. No pudo dormir, y pasó la hora. Apareció la Dra Talamone, para su sorpresa.
- Daniel, ¿como va eso?
- Bien doc. Y ahora que la veo...
- Vas a tomar una cefalexina, un diclofenac sódico, y mucho reposo.
- ¿no quiere venir a casa a verme?
- No, tengo mil cosas mejores que hacer. Pero podemos pedir que vaya Lidia
- Si, también, pero si vinieran las dos...
- Ah... Vas a fondo ¿eh?...
- Bueno, es que yo pensaba...
- Yo también voy a fondo... Espera a esta noche y vas a ver...
Meneses sintió que la cabeza no le alcanzaba para la cantidad de ratones que tenía. ¿Las dos juntas?¿podría ser esto posible?¿Era tan apetecible él?
Se durmió, hasta que lo vinieron a buscar dos residentes, grandotes. Lo ayudaron a vestirse y a caminar con las muletas.
- ¿Para que me visten si tengo que pasar la noche acá? - preguntó sorprendido
- Te vas de alta. Tenés el taxi en la puerta.
- Pero... yo...
- A menos que quieras una enema... hecha por nosotros
Ni Lidia ni la Dra aparecieron para despedirlo.
Llegó a su casa, pagó el taxi y subió como pudo a su departamento. Se pasó la noche despierto.
Por supuesto, nadie toco el timbre.
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