- ¿Perdón?
El rostro del Dr Grobard se deformó de pronto. Reflejaba incredulidad y sorpresa de manera desmedida.
- Ingresar dinero falso al pais es un delito, debería saberlo.
Miraba aquellos billetes que le habían dado en la casa de cambio antes de volver de su tan esperado viaje de capacitacion a Cuba.
- Pero me los dieron en la casa de cambio... - gimió el galeno.
- No podemos comprobarlo, ¿verdad?
- No... evidentemente no - Pensó.
El agente solicitó apoyo en la puerta 4, y aparecieron dos policias del aeropuerto. Lo escoltaron hasta una sala fría y gris.
Se le antojó a Grobard mas parecida a una sala de tortura psicológica, que a una sala de espera.
Esperó alrededor de veinte minutos, cuando un hombre de traje y maletín cruzó la puerta.
- Grobard... no creí que usted fuera a caer en semejante cazabobos...
- No entiendo - dijo Grobard. -¿Quien es usted?
- Perez, Gómez, Álvarez... llamemé como quiera. De hecho, no tengo nombre.
- ¡Pero usted parece conocerme!
- ¿parezco conocerlo?
El extraño rió estentoreamente, abrió el maletin, y extrajo unas carpetas y fotografías.
- Ernesto Grobard. Doctor. Hijo de Charles Grobard y Margarita Irene Ferrera. El menor de cuatro hermanos. Se graduó en 1974 en la Universidad de Salta, hizo su especialización en Buenos Aires. No le tocó la mejor parte en los setentas, y creamé que lo siento. Dos hijas, abuelo de tres nacidos y uno en camino. Su hermano mayor murió en sus brazos hace dos años...
El extraño sonrió.
... Y en Cuba se dió finalmente el gusto de probar carne negra...
- ¡No le permito... - comenzó a quejarse Grobard.
- Nadie va a saberlo doc... Todos tenemos nuestras fantasías. y algunos, las cumplimos, ¿verdad?.
Grobard se mostró visiblemente incomodo.
- Una morena mas que interesante la de usted...
- ¿Y que es lo que quiere usted de mi?
- Usted vivió hasta hace unos meses en una casa muy bonita. Y mientras vivía ahi, hubo un accidente con sus vecinos.
- No se de que me habla...
- Usted se mudó de pronto, sacó un crédito para comprar otra casa mientras podria haber esperado a vender la suya... se mudó de noche...
- No veo lo extraño...
- Grobard, amigo, no me tome por tonto. Puedo ser detestable si usted quiere. Y no me parece que lo quiera, creamé.
- ¡Nunca me fijé en lo que hacían mis vecinos!
- Al lado de su casa vivía un matrimonio feliz. Una senadora y su esposo contador. De pronto, se les sueltan algunas tuercas y...
- Si... empieza la guerra. Es cierto.
- Bueno, ¿ve?. Nos vamos entendiendo. Ya sabe lo que quiero Grobard. Y usted puede elegir entre contarmelo a mi, o a su compañero de celda.
- ¿Me está amenazando?
- De hecho, si. Tengo informacion que puede arruinarlo. Aun sin ir a la carcel, pasaria su vida de bar en bar.
- ¿Nadie va a saber quien lo informa?
- Nadie.
Grobard contempló sus manos, y las recordó ensangrentadas, una noche, cuando había ido a atender un supuesto accidente en la casa de la senadora.
- Tengo que limpiar esta sangre alguna vez - pensó
- Mi nombre es Trelles. Tome esta tarjeta, ahí está mi numero. Cuando se sienta listo, empezamos.
- ¿Y que gano yo con ayudarlo?
- Es verdad. Usted no esta en iguales condiciones. Lo dejamos sin alternativas.
- Exacto.
- ¿Y que es lo que quiere doctor?, pienselo bien, y veremos si se puede conseguir.
Mientras Trelles se paraba a un lado de la puerta abierta, invitandolo a salir, Grobard se levantó, dejando el dinero falso en la mesa.
- ¡Oiga doc!... no se olvide su dinero...
- No sirve, es falso...
- No crea todo lo que le dicen... ¿quiere?. Ese dinero es tan bueno como cualquier otro.
Aturdido, Grobard recogió el dinero de la mesa y lo guardo en su saco.
Tenía que pensar que iba a pedir a cambio de la informacion que tenía, pero no podía pensar en otra cosa, mas que en sus antiguos vecinos y los inhumanos aullidos de dolor, que rasgaban la quietud de la noche en aquel barrio elegante.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
El día después
Pasó un tornado.
"Que difícil esto" dijeron. "Que momentos difíciles", agregaron.
Si. Parece difícil, pero en realidad es feo.
Lo peor, parece ser ese momento de confusión, de locura, de incredulidad. Pero no. El tornado pasa y se va. Es solo un momento.
Eso es lo feo. El momento donde todo pierde razón de ser.
Pero eso pasa. Se supera. Lo queramos o no, se supera.
Lo verdaderamente difícil, es pararse frente a los escombros, y decidir como seguimos adelante.
"Que difícil esto" dijeron. "Que momentos difíciles", agregaron.
Si. Parece difícil, pero en realidad es feo.
Lo peor, parece ser ese momento de confusión, de locura, de incredulidad. Pero no. El tornado pasa y se va. Es solo un momento.
Eso es lo feo. El momento donde todo pierde razón de ser.
Pero eso pasa. Se supera. Lo queramos o no, se supera.
Lo verdaderamente difícil, es pararse frente a los escombros, y decidir como seguimos adelante.
sábado, 21 de agosto de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
Alta velocidad
Sentado en el cordón de la vereda, aún en shock por el accidente, pensó indefectiblemente en ella.
“La necesito… la necesito mucho ahora. ¡Sería todo tan distinto si ella me abrazara!... si pudiera llorar en su pecho… nada me dolería… no sería un momento tan triste si ella estuviera al lado mío”, pensó, mientras se limpiaba la sangre de las rodillas y los codos.
Siempre le había gustado la velocidad, y ese día estaba yendo más rápido que nunca. Las ruedas debajo de el giraban de una manera que no había visto jamás. Sentía el viento en la cara, y disfrutaba cada centímetro como el más delicioso manjar.
Y de pronto, la felicidad se había desvanecido, en manos de un pozo inmenso, que lo desestabilizó, y lo hizo salir despedido por el aire.
La gente lo miraba indiferente. Lo que más le dolía era ver que nadie se acercó a ver si estaba bien.
Cuando escuchó la voz de ella detrás suyo, el corazón se le estrujó, y las lágrimas afloraron con la fuerza del mar. Nada ya podría detenerlas.
- ¡¡Pero mi amor!!¡¡Que te pasó!! – dijo ella.
- M… me… me caí… - logró decir entre las convulsiones del llanto.
Ella lo ayudo a levantarse, y lo encerró entre sus brazos, inexpugnables. Mientras le acariciaba el pelo, le decía palabras dulces al oído, logrando con eso que finalmente se tranquilizara un poco. Lo miró a los ojos, y le dijo:
- Yo te amo... con todo, todo mi corazón…
Y con eso él se sintió mejor que nunca. Mejor aún que con la velocidad que había logrado minutos atrás.
Cuando pudo dejar de llorar, ella dijo:
- Vení, vamos a casa, te preparo algo caliente y me contás que pasó.
Con algunas lágrimas casi secas en el rostro enmarcando una sonrisa, y mientras ella le ofrecía su mano, Valentín levantó del suelo su triciclo.
“La necesito… la necesito mucho ahora. ¡Sería todo tan distinto si ella me abrazara!... si pudiera llorar en su pecho… nada me dolería… no sería un momento tan triste si ella estuviera al lado mío”, pensó, mientras se limpiaba la sangre de las rodillas y los codos.
Siempre le había gustado la velocidad, y ese día estaba yendo más rápido que nunca. Las ruedas debajo de el giraban de una manera que no había visto jamás. Sentía el viento en la cara, y disfrutaba cada centímetro como el más delicioso manjar.
Y de pronto, la felicidad se había desvanecido, en manos de un pozo inmenso, que lo desestabilizó, y lo hizo salir despedido por el aire.
La gente lo miraba indiferente. Lo que más le dolía era ver que nadie se acercó a ver si estaba bien.
Cuando escuchó la voz de ella detrás suyo, el corazón se le estrujó, y las lágrimas afloraron con la fuerza del mar. Nada ya podría detenerlas.
- ¡¡Pero mi amor!!¡¡Que te pasó!! – dijo ella.
- M… me… me caí… - logró decir entre las convulsiones del llanto.
Ella lo ayudo a levantarse, y lo encerró entre sus brazos, inexpugnables. Mientras le acariciaba el pelo, le decía palabras dulces al oído, logrando con eso que finalmente se tranquilizara un poco. Lo miró a los ojos, y le dijo:
- Yo te amo... con todo, todo mi corazón…
Y con eso él se sintió mejor que nunca. Mejor aún que con la velocidad que había logrado minutos atrás.
Cuando pudo dejar de llorar, ella dijo:
- Vení, vamos a casa, te preparo algo caliente y me contás que pasó.
Con algunas lágrimas casi secas en el rostro enmarcando una sonrisa, y mientras ella le ofrecía su mano, Valentín levantó del suelo su triciclo.
martes, 20 de julio de 2010
Sueños delirantes
Anoche soñé con... no... no soñé con Larissa Riquelme. ¡Que no!... tampoco con Uma Thurman (a ella la soñé hace un par de noches)... no... ¡pará, dejame escribir!...
...Anoche soñé con Joan Manuel Serrat.
La cosa era así:
No sé porque, Serrat había ido a la casa de alguien que evidentemente yo conocía. Entraba yo entonces a la galería cerrada de aquella antigua casa, donde corría un río, o una especie de estanque, pero con unos peces enormes. Si, adentro de la casa.
Nos pusimos a pescar un rato con no se quién, y mire hacia el otro lado del puentecito que pasaba sobre el agua. En una mesita de madera, sentado solo, estaba Serrat con una guitarra.
Me acerqué a la mesa, y me senté cerca, sin mirarlo, como quien busca descanso. Me preguntó algo, no se muy bien que. Probablemente del clima, o alguna trivialidad parecida.
Hablamos algunas palabras, yo no era muy demostrativo, para no provocarle el hastío que le deben provocar todos aquellos que le dicen ídolo, o maestro, o tal vez un "te parto en cuatro", o esas cosas lindas que suelen decir los fans. Yo quería conocer a la persona común, con sus sueños, sus ilusiones y sus logros.
De pronto empezó a llegar gente. Uno o dos mas, de edad avanzada. Miro atentamente, y uno de ellos era Ibrahim Ferrer. El otro era Van Morrison.
Yo seguía sin demostrar nada. Pero a esa altura estaba un poco mas que excitado.
Se sentaron a la mesa, y ahi nomás nació la idea de jugar algún juego de naipes. No había baraja en la mesa, así que echamos mano a los dos o tres dados que había, pero eran dados españoles (¡¿?!), y cuando uno los tiraba, por ejemplo, salía el cero, o también solían perder la forma y quedaban parados en una de sus 17 caras.
A todo esto, el ánimo para la timba estaba a punto caramelo. El catalán estaba que se salía de la vaina, así que dije "voy a buscar unos dados que tengo en casa. Vuelvo enseguida".
Corrí a casa, busqué el cubilete de cuero, forrado de paño verde, y volví a correr hasta la casa donde estaba la mesa ya lista para las apuestas. La emoción de jugar a los "huesitos" con Serrat, Ferrer y Morrison me embargaba. No podía creer el momento que estaba a punto de vivir.
Cuando llego a la puerta que separaba el improvisado garito con la galería descubierta de la casa, una chica, joven, muy bonita ella, vestida como bailarina de ballet, con tutú y todo, en posición "pas de deux" me dice "¡Mirá Diego!...te quiero mostrar la coreografía que voy a ..."
A lo que contesto textual:
- ¡¡¡Pero escuchame, gorda yegua hija de mil putas!!! ¡Está Serrat esperándome del otro lado de la puerta y vos querés que vea la coreografía de no se que!¡Dejame pasar o te mato!.
En mi desesperación por llegar, dije lo peor que se le puede decir a una mujer. En sueños, claro.
Acto seguido, me desperté.
Así que, la primera vez en mi vida que iba a timbear en serio, y encima con gente con la que valía la pena sentarse a charlar y compartir un buen vino, o tal vez un buen cigarro, gente de la cual escuchar y aprender mucho... me la perdí por la coreografía del lago de los cisnes.
¡Ay Tchaikovsky y la reput...
...Anoche soñé con Joan Manuel Serrat.
La cosa era así:
No sé porque, Serrat había ido a la casa de alguien que evidentemente yo conocía. Entraba yo entonces a la galería cerrada de aquella antigua casa, donde corría un río, o una especie de estanque, pero con unos peces enormes. Si, adentro de la casa.
Nos pusimos a pescar un rato con no se quién, y mire hacia el otro lado del puentecito que pasaba sobre el agua. En una mesita de madera, sentado solo, estaba Serrat con una guitarra.
Me acerqué a la mesa, y me senté cerca, sin mirarlo, como quien busca descanso. Me preguntó algo, no se muy bien que. Probablemente del clima, o alguna trivialidad parecida.
Hablamos algunas palabras, yo no era muy demostrativo, para no provocarle el hastío que le deben provocar todos aquellos que le dicen ídolo, o maestro, o tal vez un "te parto en cuatro", o esas cosas lindas que suelen decir los fans. Yo quería conocer a la persona común, con sus sueños, sus ilusiones y sus logros.
De pronto empezó a llegar gente. Uno o dos mas, de edad avanzada. Miro atentamente, y uno de ellos era Ibrahim Ferrer. El otro era Van Morrison.
Yo seguía sin demostrar nada. Pero a esa altura estaba un poco mas que excitado.
Se sentaron a la mesa, y ahi nomás nació la idea de jugar algún juego de naipes. No había baraja en la mesa, así que echamos mano a los dos o tres dados que había, pero eran dados españoles (¡¿?!), y cuando uno los tiraba, por ejemplo, salía el cero, o también solían perder la forma y quedaban parados en una de sus 17 caras.
A todo esto, el ánimo para la timba estaba a punto caramelo. El catalán estaba que se salía de la vaina, así que dije "voy a buscar unos dados que tengo en casa. Vuelvo enseguida".
Corrí a casa, busqué el cubilete de cuero, forrado de paño verde, y volví a correr hasta la casa donde estaba la mesa ya lista para las apuestas. La emoción de jugar a los "huesitos" con Serrat, Ferrer y Morrison me embargaba. No podía creer el momento que estaba a punto de vivir.
Cuando llego a la puerta que separaba el improvisado garito con la galería descubierta de la casa, una chica, joven, muy bonita ella, vestida como bailarina de ballet, con tutú y todo, en posición "pas de deux" me dice "¡Mirá Diego!...te quiero mostrar la coreografía que voy a ..."
A lo que contesto textual:
- ¡¡¡Pero escuchame, gorda yegua hija de mil putas!!! ¡Está Serrat esperándome del otro lado de la puerta y vos querés que vea la coreografía de no se que!¡Dejame pasar o te mato!.
En mi desesperación por llegar, dije lo peor que se le puede decir a una mujer. En sueños, claro.
Acto seguido, me desperté.
Así que, la primera vez en mi vida que iba a timbear en serio, y encima con gente con la que valía la pena sentarse a charlar y compartir un buen vino, o tal vez un buen cigarro, gente de la cual escuchar y aprender mucho... me la perdí por la coreografía del lago de los cisnes.
¡Ay Tchaikovsky y la reput...
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