Bella para mí, porque a United Airlines le debe haber resultado una buena patada en los testículos.
Al muchacho Carroll, los empleados de United le rompieron una valiosa guitarra Taylor. Y se hacen los giles ante el reclamo del cantante. Y como represalia, el muchacho compuso un tema, con un gracioso video donde los empleados de la aerolínea revolean, martillan y patean los estuches de las guitarras entre otras cuestiones.

Y leyendo (y viendo) eso, recordé una historia propia, en el aeroparque Jorge Newbery, que podría haber terminado igual, de no haber sido por... bueno, si lo digo, arruino la sorpresa. Así que mejor la escribo.
Gabriel Salazar, amigo y compañero de escuela de mi hermano, tocaba la guitarra. Al igual que su hermano Diego. Pero Diego la descosía... y ojo, no tenía mas talento que Gabriel, no. Simplemente Diego se pasaba el día entero practicando, haciendo escalas, probando, experimentando, por ejemplo, al limar el espacio intertrastes en el mástil para estirar levemente las cuerdas sin usar palanca...
Diego tenía pasión por la guitarra... Pero Gabriel tenía la admirable pasión por enseñar.
Y en su habitación de la vieja casa con pisos de pinotea, en la calle Anchordoqui, allá en Santos Lugares, una tarde de vacaciones me enseño a sostener la criolla, a rasguear sus cuerdas, y me enseñó a formar un acorde de Do y uno de Sol, para poder tocar "Mother", de Pink Floyd.
Ahí arrancó mi historia con la música. Siempre había tenido la facilidad, pero nunca la oportunidad. Y esa tarde, sentí por primera vez esa magia de construir con mis manos una melodía conocida.
Al poco tiempo mi viejo me compró una guitarra, en Virreyes, allá cerca de San Fernando. Y con ella empezaban mis tardes de práctica, acordes, escalas y ejercicios. Después, como era de esperarse, con algunos compañeros de escuela armamos una banda y llegó entonces el momento de la guitarra eléctrica.
Épocas de oro, de adolescencia y juventud, de sangre caliente y sueños. Aún hoy conservo esa guitarra primera. Y eso, es una cuestión de pura suerte...
A menos que hayan sido compañeros del conservatorio municipal de San Martin... no creo que me conozcan de ningún lado.
Dejo mi bolso en la cinta transportadora, lo identifican con la etiqueta roja correspondiente al aeropuerto mediterráneo.
La etiqueta correcta...Cuando le toca el turno a la guitarra, la empleada de mostrador me pide el documento, y dejé de observar mi tesoro por un instante. Cuando la encuentro en la cinta, casi entrando por las ventanitas esas con tiras de goma, que van a la nebulosa de equipajes perdidos, veo con asombro que tenía una etiqueta negra.
La etiqueta del horror.- ¡NO! - grité a la empleada, que por primera vez mostró expresión en su rostro.
- ¿Señor?
- ¡La guitarra va a Córdoba, no a Mendoza! - grité mientras la seguía sobre la cinta con mi dedo indice.
La señorita chasqueó los dedos inmediatamente a un joven, que empezó a saltar y correr en la cinta transportadora intentando alcanzar la guitarra. Pisó bolsos y bolsas, se cayó, pateó paquetes, y después de un momento de tensión interminable, lo logró.
Cambiaron la etiqueta con las disculpas del caso, y despacharon nuevamente la guitarra.
Cuando la busqué en la cinta transportadora del aeropuerto Taravella, acá en Córdoba, sentí el alivio, la tranquilidad que no pude sentir en todo el viaje. Y entonces se se me acercó alguien. Una chica joven. Podría haber sido mi hija.
- Disculpame... ¿te sacarías una foto conmigo?
- Si... - dije asombrado - ¿porque no...?
No tengo idea con quien me confundió. Realmente. Se fué dando saltitos de alegría con su cámara y su amiga, mientras yo, con la mirada baja, sabiendome observado por todos, salía del aeropuerto con la guitarra al hombro y el bolso en la mano.
- ¿A donde vamos? - dijo el taxista.
- Rio Ceballos por favor.
- ¿Viniste en el de Buenos Aires?
- Si...
- ¡Ah!... y... ¿Donde vas a tocar?
Ahí decidí divertirme un poco.
- Voy a descansar unos días acá esperando a los de Soda Stereo.
- ¡¿En Serio?!
- Si... tengo familia acá... y aprovecho lo de Soda...
- ¡Ah siiii!¡Se juntan de nuevo!¿No?
- No... hacen una gira nomás. Voy a tocar con ellos en el Chateau.
- Uh guaso... ¡entonces sos famoso!
- Hacé una cosa - contuve la risa, y me recliné hacia adelante apoyándome en las butacas - el día del concierto, andá a la boletería, llevá a quien quieras, y decí que te invitó Richard Coleman.
Supuse que jamás había visto una foto del cantante de Fricción y Los 7 delfines. Supuse que iba a ir y que lo iban a echar a patadas de la boletería. Supuse que iba a volver a buscarme...








