Hacía mucho que no me emocionaba hasta las lágrimas
así...
Estoy en casa, con un resfrío mas que interesante para algunos patólogos, sin un solo hilo de voz, y se me ocurre ponerme a ver algo en la
tele.
Gracias a la sobreabundancia de información, producto de la interconexión de redes a nivel mundial, y
también gracias a la piratería (hay que ser justos),
conseguí bajarme la serie "
Cosmos" completa.
La reacción
fué inmediata.
Reconocer la voz doblada, la música de
Vangelis y las imágenes del comienzo,
fué como si me hubiera pasado un colectivo lleno, en horario pico, por arriba del pecho.

A ver... intentemos explicar esto.
Cuando ligué mis primeros mangos en la ya lejana infancia,
fuí y me compre un libro llamado "La tierra, el tercer planeta". El libro ya era viejo cuando lo compre, pero era mío. Tenía las páginas amarillentas y olor a viejo. Y lo amé, (y aún amo) por eso. Mientras mis amigos iban y se compraban figuritas, chocolatines Jack y pop rocks, yo fuí y me compré ese libro.
En casa había ademas una biblioteca surtida. Pero había joyas para mí, que había adoptado como mías. Mi viejo, tenía un libro de
química de sus
épocas del industrial. Me lo apropié impunemente. Recuerdo tambien un pequeño librito de serigrafía, y aun hoy puedo ver en mi mente la escala
cromatográfica completa, con forma de faro
marítimo, y recuerdo bien patente, la palabra "
magenta". Tenía una influencia mística sobre mi. Magenta. Nunca lo había leido antes. Así como "Cián", descubrí un mundo de palabras desconocidas, de colores llenos de luz.
Todo era nuevo y asombroso para mi, a mis 8 años.
Me pasaba horas completas viendo esas
imágenes, aprendiendo estructuras atómicas y masas, y estudiando el orden de los planetas del sistema solar, los nombres de los planetas y sus lunas, estrellas, agujeros negros...
Si, es verdad. No era muy normal. Algunas cosas nunca cambian.
Para esa época tambien apareció la revista "Muy interesante" que era como el anteojito pero para gente grande. Me devoraba las ilustraciones y las notas, con sabor a un futuro que ya era casi presente. Deliraba con las historias de contratapa de Isaac Asimov.
Mi infancia y adolescencia, básicamente, fué la de un prominente científico.
Cosmos
fué sin dudas todo lo que aquel chico curioso necesitaba para ser feliz. Viajar en un panadero (o diente de
leon, o
dandelion) a
través del universo,
fué mas de lo que alguna vez hubiera soñado aquel chico.
Entré a la secundaria con profundos conocimientos de química y astronomía. Lo cual me hacía el chico admirado por algunos, y denigrado por otros.
Pero...
... lentamente, la estructura educativa, los mandatos sociales, las
obligaciones estudiantiles, las hormonas y las materias llevadas a marzo, fueron
adormeciendo al científico, separando al soñador del inminente hombre de bien. Fuí olvidando las cuestiones científicas. Y progresivamente
fuí cayendo en la devastadora realidad económica de los 80's, en las
posibilidades laborales que podría tener una carrera en particular, y en los 90's ya de la incipiente y
promisoria informática a nivel popular.
Me hice analista de sistemas.
Y me olvidé de aquel chico que soñaba mirando al cielo, que acompañaba a su abuelo en una terraza de Villa
Ortuzar a contar las estrellas fugaces que iluminaban los techos del
Tornú.
Después de casi 30 años... ese chico volvió a aparecer de pronto. Me lo encuentro en el living con un blazer azúl, en la casa de Santos Lugares, merendando un cafe livianito y dos panes completos con dulce, o solos, mojados en el café. Tiene cara de miedo ante la nueva etapa que comienza despues de su feliz paso por la primaria. Ese blazer de botones brillantes, que pesa 7 kilos y es grueso como una frazada, lo encierra, lo ahoga, lo enmarca en una estructura que no quiere aceptar, pero sabe que debe hacerlo.
Ese chico volvió a aparecer, acá, en el living de casa, en Rio Ceballos.
Y de la mano de
Carl Sagan, científico primero, pero antes que nada, maestro.
Su idea de acercar la ciencia a cualquier
pelagato que tuviera el
interés suficiente
fué para mi, mas allá de una genial idea, un ejemplo a seguir durante muchos años.
Yo soñaba con ser como el.
Y hoy, acabo de recordarlo.