jueves, 26 de febrero de 2009

CLASES DE MANEJO - NIVEL INICIAL

¡¡¡¡ LECCIONES DE MANEJO PARA PRINCIPIANTES !!!!


Ya tenemos un par de conceptos bien claros en la cabeza. Un par largos. Repasemos.
- El auto es una mole de una tonelada de peso sobre cuatro frágiles rueditas.
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- El auto se constituye de fierros varios, por lo tanto, nada nos asegura que a 200 Km/h NO HAYA una falla de materiales. Aun siendo 0Km.
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- El embrague y el acelerador son grandes compadres y hacen todo juntos, cuando dejamos el auto en la cochera, hacen unas jodas bárbaras con el pedal del freno, que parece que es bastante casquivano.
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- El embrague sirve para regular la potencia del motor impresa a las ruedas. Si lo aprendemos a controlar, si comprendemos que no es un pedal "si/no", nos va a servir para muchas cosas, como por ejemplo, a frenar el auto más rápido y seguro que con el freno.
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- El acelerador es la orden más directa del auto.
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- El profesor de manejo nunca suele ser el mas paciente, y esto se debe al terror de que le choquen a su bebe. Eso si, cuando el maneja, agarrate Catalina. Seguramente tiene más de un choque en su haber.
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- Al empezar a mover el auto, debemos largar el embrague despacito. Una vez que el auto tiene un mínimo movimiento, ya podemos soltarlo mas rápido.
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- Al frenar bruscamente, apretamos freno y embrague a la vez. Freno para frenar, claro. Embrague para que el auto no corcovee y no se pare el motor.
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Bien. ¡Ya movemos el auto! Podemos dar una vuelta manzana tranquilos, en Las Toninas, un 5 de Agosto a las ocho de la mañana. Y a menos que una vieja haya salido a buscar los bizcochos tarde, no correremos peligro de atropellar a nadie. Ahora viene lo bueno.
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Como hiciste los ejercicios que te dí (sabemos ambos que no, pero no importa) ya sabemos como sacar el auto en primera. No tenemos problemas en frenar brusco, o en frenar casi por completo y doblar esquinas como un campeón de rally.


Olvidate por ahora de manejar, cambiar de radio, prender o apagar las luces, poner giros y pelar un palito de la selva, todo al mismo tiempo. Por ahora, concentrate solo en la conducción. Si hay bastantes autos por donde vas a practicar, PONE LAS BALIZAS. Un auto con balizas es impredecible, por lo tanto, los demás conductores van a estar mas atentos y cautelosos de tus movimientos. Es una buena idea además pegar un cartel en el auto que diga "estoy aprendiendo a manejar, disculpe las molestias y si no váyase a la rep...", bueno, no tan expresivo. Con el primer párrafo sobra.

¡Vamos a ver que nos espera!

LOS ESPEJOS - ESE AMIGO DEL ALMA




Los espejos son objetos MOVILES. Es decir, cada conductor debe adaptarlos a su necesidad. Eso de "¡me los dejaste todos desacomodados!" no tiene sentido. Uno se sube al auto, y acomoda los espejos.
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Regular los espejos es esencial. El de la izquierda, de modo que veamos un poco el costado del auto, y lo que viene detrás. El del techo, de modo de ver completamente la luneta. ¡¡Y EL DE LA DERECHA IGUAL QUE EL IZQUIERDO, PERO LIGERAMENTE APUNTADO HACIA ABAJO!!


"¿Porque gatito? ¿Poqué poqué?"... me vas a adorar con esto... porque con esa ligera inclinación, vas a usarlo para ver el cordón cuando estaciones. Por eso.

(Como estacionar correctamente)

¡¡¡¡TENES QUE PASAR LAS VIAS EN PRIMERA BOLUDOOOOO!!!!

Desafío a sus "instructores" a que en ese momento de furia respondan a la pregunta "¿me explicas porque?"

La mayoría fue enseñada a que así se pasan las vías, para cruzarlas mas lentamente y que el auto sufra menos, o rebote menos. ERROR.
Pasar las vías en primera (o en segunda con el embrague y acelerador a medio pedal) tiene un motivo: se debe a que el auto ante un aceleradorazo, tiene muchísima más respuesta en primera que en segunda. En el caso de que aparezca un tren que no vimos, esto sería crucial.

Yo paso las vías en segunda, y en ciertos casos hasta en tercera. Según que paso a nivel sea, y cuanta visibilidad a los lados tenga.

¡¡¡ LAS ESQUINAS SE DOBLAN EN SEGUNDA BURRO!!!
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Falacia. ¡Las he doblado hasta en quinta! Y acá aparece otra vez el mismo comentario: "Con el pedal de embrague a la mitad, y el acelerador manteniendo las revoluciones."
Las esquinas se doblan lento, mirando a AMBOS LADOS (si, por mas que sean única mano). Primero miramos rápidamente en contra mano, y luego le dedicamos la atención exclusiva a la mano de la calle, para ver si viene alguien. La mirada en contramano contempla ciclistas, viejas, niños, animales, o boludos circulando con la boca abierta buscando una dirección.
Una vez seguros de que podemos doblar, ponemos segunda... por una cuestión de capacidad de reacción del auto también.

Observen como el pedal de embrague se utiliza más que para pasar marchas.
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¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡CUANDO TENGO QUE CAMBIAR DE MARCHAAAA!!!!????¿¿EHH??
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Ciertos "instructores" suelen sugerirnos gentilmente el cambio de marcha con un sutil "¡¡PONE SEGUNDA PELOTUDO!! ¡¡¡¿¿¿NO VES QUE EL AUTO TE PIDE???!!!"

Que yo sepa, lo único que pide el auto es combustible con una lucecita, o aceite, o agua. Todavía no salio un auto que diga "ejemmm... señor conductor... a mi me gustaría... como decirlo... tal vez que pasara a segunda... porque... hoy lo necesito".

Si, el auto lo necesita. Pero antes de saber cuando pasar a segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta (en caso de poseer una Feyari), derribemos algunos mitos. Por ejemplo, la sandía con vino no mata, apenas si lo hiere.

Las revoluciones son las vueltas de motor. Por ejemplo, 800 RPM (revoluciones por minuto) significa que el motor da 800 vueltas, en... ¡muy bieeeen!... un minuto.

- El auto naftero tiene distintas exigencias al gasolero. El gasolero NECESITA andar en revoluciones altas. Así consume MENOS gasoil y mantiene el motor mas limpio, funciona mejor, y le da más vida útil a la bujía incandescente y a la bomba y filtro de gasoil.
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- En el naftero, cuanto más altas son las revoluciones del motor, mas combustible consume. PERO LO CONSUME MEJOR, y el auto tiene mayor reacción. Si lo andamos en revoluciones bajas, se "achancha", esto es, se hace mas pesada la reacción, "ratea", escupe humo blanco por el escape, etc.

Bien. Ahora a cambiar de marchas. Cuando uno pone primera, una vez que el auto se comenzó a mover, ya podemos soltar el embrague bruscamente y pasar a segunda. Estamos hablando de un movimiento de un metro por segundo, por ejemplo. Si el movimiento es menor, como en el caso de estacionar, debemos regular la fuerza CON EL PEDAL DE EMBRAGUE. Nunca soltarlo por completo en estos casos.

En el caso de las restantes marchas, uno puede oír el motor, que se lo nota "exigido". Esto es tan particular en cada uno, que es casi imposible decir cuando es el momento de cambiar de marcha.

En mi caso, el auto cuenta con un tacómetro (el contador de RPM), que indica con una zona roja cuando ya hay peligro de fundir el motor.
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(¡me levantó un poquito de temperatura me levantó!)
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Entre esa zona, y el cero, somos libres. Yo suelo cambiar entre las 2000 y 2500 vueltas. O sea, entre el 2 y el 3 del tacómetro. Igualmente, uno puede oír el motor, y hasta sentir las vibraciones del auto, que indican el momento de cambio. Pero esto es lo que sugiere el auto. Cuanto mas altas son las revoluciones, mayor será la velocidad final.

Nos iremos adaptando al auto, a escucharlo rugir, a ver como salen disparados los pistones por el capot, y lentamente nos acostumbraremos a sus "pedidos" de cambio de marcha. No hay ciencia en esto, ni científicos. Nadie tiene la verdad, porque es una cuestión de gusto y albedrío.
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¡¡¿¿ LE PUSISTE NASSSSTA LE PUSISTE??!!

Todo auto cuenta con un indicador de contenido del tanque de combustible. Solo hay que echarle una mirada cuando nos subimos al auto, y sabremos con esto una de las variables a tener en cuenta en la ecuación final. Si queda medio tanque, y fuimos a laburar, salimos de juerga, al otro día fuimos al supermercado y a buscar a algún que otro repuesto para el lavarropas, tenemos el segundo componente de la ecuación, y es conveniente echarle una mirada al indicador antes de llevar de nuevo el auto a casa. Puede que le haga falta una carga de combustible. Calculando la cantidad que había al inicio, y el recorrido hecho, es simple. Como saber si tenes tomates en la heladera, o plata en el cajero. Simple.
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LA MARCHA ATRAS. EL MONSTRUO QUE NO ES TAL.

Hay un pánico injustificado al uso de la marcha atrás.
"hace lo que quiere" dicen unos, "es una yegua de mierda" dicen otras, "es incontrolable" dicen todos. Bueno, todos tienen razón, pero no es tampoco algo que no pueda solucionarse. Y acá viene el consejo más útil del día:
¡LA MARCHA ATRAS SE MANEJA CON EL PEDAL DEL EMBRAGUE!.

Con este pedalito que empieza a cobrar una importancia impensada, vamos regulando la velocidad y fuerza de la maldita marcha atrás. Con el y con el freno, seremos capaces de estacionar un semi remolque cargado de bolitas japonesas en dos maniobras. Créanme. Es verdad. La marcha atrás es una marcha directa. Es decir, es como la cuarta. Si la vamos regulando con el embrague, cuando estemos en movimiento podremos soltarlo completamente y el auto circulará a una velocidad asombrosa.
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Y ahoooooora.... los ejercicios. No sean vagos, y háganlos. Les van a salvar el día. Háganlos en zonas deshabitadas, minas abandonadas o pueblos fantasma. Si no les queda otra, avenida Corrientes es bastante ancha y hay espacio para todos... recuerden las balizas.

- Con el auto en ligero movimiento, poner segunda, y doblar una esquina utilizando solo el embrague y acompañando con aceleradas cortas. Ir soltando el embrague para comprobar el empuje.

- Poner la marcha atrás. SIN ACELERADOR, soltar levemente el embrague hasta empezar a mover el auto. Volver a presionar el pedal, y volver a soltar progresivamente. Si hay lugar, soltarlo por completo mientras aceleramos UN POCO.

- Acostumbrarse a mirar los espejos, siempre. Para doblar, para estacionar, para todo. No utilizar esos espejos para pintarse o depilarse las cejas, y mucho menos para ver si tenemos los ojos colorados.

- CONSEJO DE AVANZADOS: Con el auto en movimiento, y la marcha puesta, apretar embrague, y junto con el pedal de freno, ir soltando levemente el embrague mientras "peinamos" el freno. Notaremos como nos ayuda enormemente a frenar el auto de forma segura, ya que estaremos frenando la transmisión del auto, además de las ruedas en si. Al detenerse casi por completo, presionar freno y embrague, sacar la marcha.

Espero que puedan practicar esto, para pasar al nivel intermedio, donde aprenderemos manejo de instrumental, cenicero, como abrir la guantera y armar un triangulo baliza para cambiar una rueda.
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¡NOS VEMOS! EAEAPEPE!
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PD: Hay un maravilloso post creado por la Mona Loca, que versa acerca de los instructores involucrados sentimentalmente con el alumno, y sus formas de instruir. Hablamos de parejas, esposos, novios, etc. Un post fundamental para entender una fauna más que interesante. Al final del curso, publicaremos.

miércoles, 25 de febrero de 2009

¡¡¡CLASES DE MANEJO!!! - NIVEL BASE



Hoy vamos a hablar de las cosas mas importantes en la conducción de un vehículo. O sea, de manejar un auto.

Ya sea un camión, una tanqueta, un ómnibus internacional, un rompehielos o un karting a pedales. Son similares para todos.

Antes, por las dudas, refrescamos algunas cosas que son esenciales para comenzar a conducir.

1.- Antes que nada, debemos tener vehículo. Y sumado a eso, debemos tener la llave o tarjeta de arranque.

2.- Cerrar la puerta antes de circular por la calle es muy muy importante. Casi diría imprescindible.

3.- Poner el auto en marcha (comprobando SIEMPRE ANTES que el auto este en punto muerto*), también, es como importante. Digamos que es bastante importante.
*(El punto muerto es cuando la palanca de cambios esta en el medio, se mueve de izquierda a derecha libremente y de arriba a abajo)


Una vez cumplidos estos pasos, estamos listos para pisar perros, ancianos y deudores varios.



LA CAJA DE CAMBIOS (O MARCHAS)

Algo que nunca esta demás saber, es PORQUE hay una secuencia de marchas, que suele comenzar (como casi todo) por la primera.

La caja de cambios del auto es, para simplificarlo, una caja de engranajes, que varía la relación entre bla bla bla… la transmisión de la fuerza del motor, a la parte mecánica, que es en parte la que mueve el vehículo.

Se le llama mecánica a todo lo que no sea motor, chapa, interior… mecánica se le llama a todas aquellas partes del vehículo que están comprometidas con su movimiento. Ya lo dijimos, excepto el motor.

El motor tiene SIEMPRE la misma potencia, la misma fuerza de empuje. Lo que hacemos con la caja es darle más fuerza a la parte mecánica, o más velocidad.

La primera marcha es la que transmite mas fuerza a las ruedas (por decirlo simple). La cuarta marcha es la que transmite toda la potencia del motor, en una relación de 1:1. La quinta marcha es en realidad una sobremarcha, es decir, el “engranaje” de la 5ta es mas grande que el de la transmisión (lo que mueve a las ruedas), por lo que el motor va mas descansado y se aprovecha mejor su potencia.

Simplificando, no podemos (aunque con mucha practica lo lograremos) arrancar en un semáforo en cuarta. La cuarta es más de velocidad que de fuerza. La tercera, es de velocidad, con un poco de fuerza. La segunda, es de fuerza con un poco mas de velocidad que la primera, la cual es únicamente de fuerza.

Ahora bien. Tenemos un problema:
No, otro problema:

el auto corcovea como si estuviera en el festival de la doma y el folklore.
¿Por qué corcovea el auto?

Existe una cosa que se llama Embrague. Suele ser un pedal a la izquierda de los otros dos. Ese pedal lo que hace, básicamente, es despegar el disco de embrague. El disco de embrague es un disco que gira constantemente. Es el encargado de transmitir la fuerza que nosotros seleccionamos en la caja de cambios al motor.

¿Por qué cuando pongo primera tengo que soltar despacito el embrague, y no así en la segunda?

Porque el auto esta detenido completamente cuando ponemos la primera “para salir”. Lo que sucede, es que si largamos el embrague de golpe, este se intenta adherir a la transmisión que mueve las ruedas. Intenta mover todo el peso del auto, y adhiere y patina, adhiere y patina, hasta que se detiene el motor o volvemos a presionar el pedal de embrague liberándolo. El auto no se rompe con esto. A lo sumo puede gastarse un poco el disco de embrague. Nada más. En el caso de la segunda, tercera, cuarta y quinta marcha, no tenemos este problema porque la transmisión del auto YA ESTA GIRANDO y lo que hace el disco es adaptarse a esa velocidad de giro.

Consejo: Si bien el pedal del embrague lo que hace es despegar el disco y liberar la caja de cambios, no debemos tomarlo SOLO como un liberador de la caja de cambios. Se puede utilizar en muchísimas oportunidades además de cambiar de marchas. Si bien es el pedal menos utilizado, es muy útil. Ya iremos viendo trampas trucos y tretas para el aprovechamiento del pedal mas izquierdista del vehículo.




EL ACELERADOR

Lo que hace el acelerador (además de acelerar) es alimentar el motor con combustible. Veamos el motor como si fuera un chico, y el combustible como si fueran caramelos. Al motor le encanta el combustible, pero le provoca hiperactividad. Cuanto mas caramelo le demos al motor, más energía va a tener y se nos va a dormir a las tres de la mañana.

Si bien no hay que tenerle miedo al auto en sí, a este pedal hay que mirarlo con recelo y respeto sobre todo. El no sabe si uno aprieta en joda, en serio o por un error. El responde.

Para el no existen las relaciones casuales, para el es SI o NO, blanco o negro, te quiero, o te aporreo. Con este pedalito graduamos la fuerza del motor, no solo la velocidad. Por eso también hay que aprender a utilizarlo.

Hasta ahora, básicamente, podemos reducir todo a que, en el auto, embrague y acelerador son compañeros. Lo que hacen es graduar, controlar, y administrar la fuerza y velocidad del auto. Deben trabajar juntos. Siempre.

El pie izquierdo, SIEMPRE, grábenselo a fuego en el mate, SIEMPRE debe estar sobre el pedal de embrague. La única excepción a este precepto, la única concesión posible es cuando estamos en ruta abierta. Si bien ahí no lo usamos mucho, debemos tener el pie cerca por las dudas.

Hasta acá, la teoría.

Por cierto, el padre de un amigo me dijo “primero hay que aprender a andar despacito… la velocidad viene con la práctica. Como todo. Ustedes (por mi amigo y yo) cuando empezaron a escribir a máquina, empezaron despacito, y la velocidad vino con el tiempo”.

La velocidad viene sola. No anden a los pedos las primeras veces, porque, si bien es maravillosa la sensación, aun no tenemos los reflejos afinados y las técnicas bien marcadas en el mate, como para responder ante una exigencia brusca de frenado o volanteo.

Ejercicios.

- Con el auto parado, sin presionar el acelerador, ir soltando muy suavemente el embrague hasta poder moverlo. Presionar hasta el fondo, y volver a empezar. Hasta que le agarremos bien bien la mano.

- Circular por algún lugar descampado o calle abandonada. Proponerse puntos fijos, por ejemplo un poste, árbol, casa. Cuando lleguemos a ese punto, CLAVAR frenos a fondo, con el embrague apretado también hasta el fondo. Esto es para aprender a frenar y que el motor quede en marcha. Repetir hasta el hartazgo. Eso puede salvar en un futuro a un chico corriendo atrás de una pelota.

- En una calle desierta, acelerar de modo de poner tercera, y una vez hecho, presionar el embrague al fondo SIN SACAR LA MARCHA. Ir frenando suavemente al mismo tiempo, como llegando a un semáforo. Una vez que llegamos al punto propuesto como semáforo, poner segunda y salir como si hubiéramos tenido luz verde.



Una vez comprendidos y aplicados estos ejercicios, estaremos listos para el nivel dos.

martes, 24 de febrero de 2009

SERVICIO GRATUITO A LA COMUNIDAD

Consejos utiles para aprender a manejar. Sin gastos inútiles, sin choques inútiles, sin instructores inútiles.

Con consejos utiles de como mover el auto, como estacionar y no romper cinco autos intentandolo, como atropellar gente anciana y huir. Todo.

Y gratis.

Si le interesa el curso de manejo, lea el programa de aprendizaje a publicarse y escriba un correo a http://www.blogger.com/diegoarias@yahoo.com diciendo "quiero aprender a manejar camiones"

Si son unos cuantos, veremos de publicarlos.

La infiel III - Todopoderosos

Cenaron en silencio. Matías se quedó dormido en la sillita, apoyados los brazos en la mesa y la frente sobre ellos. Su pelo lacio caía en cascada sobre el mantel.

Luis estiraba el momento, comiendo mas lentamente de lo usual. Carola lo conocía demasiado como para no notar esa actitud. Pero en lugar de enfurecerse, que era lo esperable, solo atinó a aflojar los músculos del rostro. Casi se podría decir que se había dibujado una imperceptible sonrisa.

- Al final Luis... tengo dos nenes en casa...

Luis la miró con inexpresividad. Y notó que ella ya no apretaba los dientes como hacía un momento atrás.

- ¿hablamos en la cama?
- En la cama terminamos siempre en lo mismo. Nos arreglamos, lo hacemos, dormimos.
- Eso es bueno...
- No, no es bueno, es enfermo. Porque mañana volvemos a lo mismo.

Acostaron al nene, y salieron al patio trasero. Encendieron cigarrillos, y después de una pitada larga, ella soltó lentamente el humo, viéndolo ascender en la oscuridad, entre su boca y las estrellas.

- No hay muchas maneras de decir esto...
- Ya lo sé Caro... no hace falta decirlo.
- Me parece que hablamos de cosas distintas...
- Somos grandes. Te conozco. Y ya sé lo que tenés para de...
- Me acosté con un tipo - disparó Carola en una frase corta

Luis miró al cielo, dió una pitada larga y golpeó varias veces el cigarrillo con el índice para que cayera la ceniza, antes de acusar el golpe.

- Ya lo sé...
- ¿Y como?
- Porque dejaste de exigir...
- No entiendo...

Luis hizo memoria de la última semana, no con la intención de recriminar, sino con la intención de emparejar la cosa. Aquel viernes no hubo agresiones, ni reproches. Fué la indiferencia la que lo convenció de que sus temores eran una realidad. Paradójicamente, no se sintió mal. Solo hubo una sensación de inseguridad, y una frase que repetía en su cabeza "vos te lo buscaste"

- Fue el viernes. Los viernes a la noche eran los mas difíciles. Pero este viernes fué distinto.
- Me haces sentir para la mierda... - dijo ella sin poder creer la precisión de Luis
- No Caro... - dijo el - de hecho... yo también tuve algo con una chica...

Carola abrió los ojos, y apretó los puños y los dientes. Intentó decir algo, pero la bronca y la igualdad de condiciones le cerraron la garganta.

- ¿Quien es?
- Ehh... se llama... se llama... Roxana.
- ¡No me mientas Luis! - gruñó ella
- No me parece una frase afortunada esa Caro. Creo que tengo derecho a mentirte ahora.

Luis sentía Hiroshima en el pecho, pero estaba inventando un romance cualquiera, con tal de no perderla.

Porque, todos sabemos que un hombre puede amar bien o mal, pero no entiende lo que es dejar de amar. Un hombre cuando no ama con el corazón, sigue con la cabeza. Cuando una mujer ama, en cambio, lo hace con el corazón, y enciende en el una llama que durará para siempre aunque a veces, desee extinguirla.

- ¿Cuando fué?
- No quiero hablar de eso. Fué una vez, punto. Me sentí para el carajo.
- A mí no me pasó lo mismo... de hecho... me quiero divorciar.
- ¿De verdad?
- Si... quiero sentirme así, mimada, otra vez. Muchas veces, toda mi vida.
- A mi me gustaría ser quien te mime toda tu vida... aunque ultimamente no se note.
- ¿Y entonces?
- Y entonces nada. Somos unos idiotas y tal vez nos lo merezcamos, tal vez no, pero ya pasó y no quiero hablar de esto nunca mas

Carola no solo estaba atónita, estaba indignada. Al final de cuentas, no sabía con quien estaba casada.

- Me voy a tomar un tiempo Luis
- Vayamos adentro - dijo Luis - empecemos de nuevo.
- No puedo creerlo... estamos hablando dos idiomas distintos
- No se vos, pero yo, a pesar de todo lo que pasó, de lo que nos hicimos, sigo enamorado.
- Me voy a acostar ya mismo
- Voy con vos...
- ¡Sin sexo! - dijo Carola.
- No. Como al principio. Solo dejame abrazarte. Dormir juntos. Como aquellas veces. ¿puedo?
- No... no sé... ¿vos decís como cuando empezamos a convivir?
- Si. Es el recuerdo mas tierno que tengo. Despertarnos de noche porque me duele el brazo y a vos el cuello....
- Me acuerdo - sonrió ella con el recuerdo - era lindo...
- Yo mañana empiezo a buscar un psicólogo que me ayude con esto... esta depresión de mierda que me ahoga.
- Va a ser largo Luis.
- No importa. Tengo toda una vida.
- Yo no.
- Lo se... por eso quiero empezar ya.

Entraron, se cepillaron los dientes juntos como al principio. Se acostaron, juntos, abrazados, ella de espaldas a el.

El se durmió con una sonrisa, lleno de esperanzas. Ella... ella no. Estaba indignada. Después de la charla, las cosas estaban como en el comienzo, y la conversación no había terminado de cerrarle.

Y encima, ese lunes a la mañana, tenía otra conversación pendiente.

lunes, 23 de febrero de 2009

Ultimo momento!

Según Facebook, me encuentro a un grado de separación deeee....


¡¡¡¡SEMEJANTE PELOTUDO!!!!
(o vivo, la verdad que a esta altura ya no se...)

Ha aparecido gente del "ambiente artístico" en mi facebook... pero nunca de esta calaña. Igual, ustedes saben de mi aversión por la fauna televisiva...

¿Alguien tiene reliverán sublingual?

La infiel II - La playa loca

- Sabías muy bien que esto era así. No me rompas las pelotas.

Cortó. Esa llamada le recordaba épocas de romances de adolescencia. Y por eso se había indignado. Recordó la palabra "tirifilo" y se rió sola en la cocina mientras empezaba a preparar la cena.

- ¿Quién era? - inquirió con desconfianza él.
- Mi vieja... me recriminaba otra vez que no le llevamos al nene el fin de semana...
- Ahora la llamo...
- No. Dejá las cosas así.
- ¿Pero quien carajo se cree que es? - intentó herir para evitar la cama mas tarde.
- ¡Es mi vieja!¡Y para solucionar los quilombos con mi vieja estoy yo, y no necesito vocero!

Se quedó otra vez con esa sensación de impotencia, de dientes apretados y golpes de cuchillo contra la tabla de picar. Golpes excesivos para la fragilidad de un pobre tomate.

Matías corrió y se colgó de la ropa de su madre, como hacía cada vez que ella empezaba a cocinar, o cuando intentaba ir al baño, o peinarse, o cepillarse los dientes, o lo que fuera que hiciese.

Se acostumbró a bañarse a las seis de la mañana, mientras el nene y su esposo dormían, para poder hacerlo tranquila. Hacía años que depilarse era una misión imposible, y ni hablar de salir a correr, algo que le ayudaba a mantener la cabeza despejada.

Mientras cortaba las zanahorias, le volvió el recuerdo del que se autoproclamaba "amante". No podía creerlo. Ahora, exigía verla mas seguido. Exigía. "¡Como si tuviera algún derecho!" pensó ella.

- Poné la mesa... por favor - le pidió al hombre tirado en el sillón

Vino arrastrando los pies.

- ¿Donde están los platos?
- En el mismo lugar en el que están hace cinco años Luis.
- Y los vasos también... y los cubiertos... ¿no?
- Y muchas otras cosas también. Como esta relación.
- Frente a Matías no...
- Esta noche, vamos a hablar muy seriamente.

El se fué, con los platos, cubiertos y vasos haciendo equilibrio.

- ¿Y el mantel? - Gritó desde el comedor.

Carola golpeó secamente la tabla, y miró al techo suspirando. Hizo unos segundos de pausa. "en el cajón del aparador, al lado de mi corazón" pensó.

- En el cajón del aparador Luis... ese grande, que está cerca de la mesa.
- Ya lo encontré... - suspiró él mientras ponía la mesa con desgano mirando el TV.

De golpe, uno de los vasos se cayó, haciéndose pedazos.

- ¿Donde está el escobillón? - dijo Luis

"Tengo dos charlas importantes pendientes" pensó. "Curioso, las dos son parecidas".

viernes, 20 de febrero de 2009

CUENTOS - La Infiel (a pedido)

Les dejo para el viernes un tema controversial. No me tiren con cuchillo, tirenme con tenedor.


Terminó su cigarrillo y lo apagó en el cenicero adherido a un lado de la cama. Ni siquiera miró al hombre que yacía dormido a su lado. No se parecía en nada a su esposo, y tal vez eso era lo que lo había animado a aceptar aquella invitación de su parte.

Finalmente, lo había hecho. No sentía arrepentimiento, ni nada parecido. Por un lado, se sentía culpable de no experimentar eso que había escuchado por los comentarios de los que eran infieles casuales o tramposos profesionales.

Miraba el techo pensativa, mientras la última bocanada de humo se disolvía en el aire.

Y con un suspiro profundo, recordó como había empezado todo.

Se había casado con el que, según ella, era el amor de su vida. El hombre que la complementaba en todo, aquel con el que había vivido los momentos más intensos, de felicidad o amargura. Pero había cambiado completamente unas semanas después que había nacido su primer hijo.

No solo comenzaron a tener diferencias notables, sentían que no se podían ni ver. Y en medio de ellos, ahora una criatura que lloraba todo el día ocupaba un lugar ineludible.

El comenzó con una depresión insoportable, y ella, intentaba mediar entre el y esa criatura indefensa que reclamaba a gritos una atención permanente. Ella comenzó a dividirse, a dormir salteado, a tolerar y a llorar en silencio, por las noches, cuando el dormía profundo.

En dos años, habían pasado demasiadas cosas. Y todos sabemos que en la contrariedad, la mujer se convierte en una muralla, que resiste y espera a que pase la tormenta. Todos sabemos también, que el hombre suele armar el bolso e irse para siempre, o se acurruca en un rincón obscuro, esperando que su madre venga a rescatarlo.

Durante un tiempo la actitud de ella era conciliadora, y la de el, separatista. De vez en cuando, esto se revertía, porque ella decidía dejar a ese hombre atrás, y ese hombre cambiaba radicalmente de un día para otro. Pero el cambio, apenas duraba algunas horas, con suerte, un par de días.

Después de dos años de esa vida, el clima en el hogar era irrespirable. Y como suele suceder en estos casos, siempre, aparecen los oportunistas.

A el se lo notaba lejano. Ya no había sexo en la pareja, salvo algunas esporádicas ocasiones, siempre, luego de una pelea. A ella, se la notaba distinta en los últimos meses.

En el trabajo, había un compañero, que la escuchaba, la alentaba a seguir adelante. “Esto es pasajero” decía, “cuando el nene se haga mas independiente, ustedes se van a acomodar” esperanzaba. Pero a ella se le hacía imposible seguir esperando. Ese hombre que le hablaba a diario, que la hacía sentir contenida, que la acariciaba con palabras, era la única imagen de hombre que le quedaba en la cabeza a la hora de dormir.

Y como era lógico, un día esa relación de comprensión y cariño, pasó a algo más. Ella sintió la necesidad de besarlo, primero, tímidamente, después, sintió que las llamas la consumían, nuevamente, como aquella primera vez con su esposo.

Fue cuestión de tiempo. Contrario a lo que la mayoría cree, no fue él el que sugirió llevar esa relación al plano sexual.

Y ahora, estaba hecho. Como un castigo, como un resarcimiento, o como una forma de complacerse. No importaba. Estaba hecho. Y no se sentía mal en absoluto.

De alguna manera, lo que había hecho era plasmar sus fantasías, esas que la torturaban desde hacía tiempo ya. Ella no se recriminaba nada, entonces, ¿Qué derecho podría tener aquel que la había torturado durante años? Ninguno, claro. Solo una promesa rota hecha en el pasado. El mismo tipo de promesas que su esposo había quebrantado sistemáticamente desde el nacimiento de Matías.

Atrás quedaba la sensación de haber hecho sacrificios constantemente, de no haber fumado durante años, de haberse levantado a cualquier hora para amamantar a Matías, de lavar y tender, lavar y secar, fregar, encerar. Comprender, sufrir, llorar, gritar. Con una simple movida de piezas, había equilibrado la balanza.

Y ahora, para ella, estaban a mano.

Lo que no calculó, fue el daño en el corazón del pobre tipo que había destrozado en la cama de aquel hotel.

A partir de entonces, no se trataría solo de una actitud de castigo hacia el hombre de su vida. A partir de entonces, sería acerca de sentirse atractiva, salvaje, sexual y primitiva.

Porque, como todos sabemos, el espíritu de una mujer es lo último que el ser humano logrará doblegar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El secuestro - De la colección CUERVO (CUentos Escritos al Real VOleo) - Parte VI

El camión de basura hizo un alto en una casa de las afueras de la ciudad, camino al relleno sanitario. Apagaron todas las luces. Bajaron la bolsa del dinero, y rápidamente subieron a un auto que estaba esperándolos. Abandonaron la casa, el camión, y el camino principal.

A unos treinta kilómetros de la casa y el camión, el conductor encendió las luces.

Marcos tocó el portero eléctrico con cámara, de la casona que habían comprado sus padres allá por el año 83. Años convulsos, recordaba Marcos.

La arboleda frondosa, el barrio silencioso, lo obligaban a compararlo mentalmente con un, vaya comparación, tigre hambriento.

Uno podía caminar por sus calles, pero el barrio, aparentemente dormido y silencioso, estaba alerta, expectante, al acecho. Si una persona se ajustaba a las descripciones que manejaban las garitas de seguridad privada, en menos de treinta segundos se había convertido en presa. O preso, que era exactamente lo mismo en ese caso. En cinco minutos uno estaba siendo sometido en la comisaría local al interrogatorio más exhaustivo, al reconocimiento e indagación desmedidos.

El barrio, a pesar de su aspecto tranquilo y somnoliento, acechaba, y apestaba a crimen. A crimen y muerte. Olía a separatismo y ostentación, a soledad, a dinero, pero sobre todo, olía en todos sus rincones, a muerte.

Marcos tocaba, nervioso, con la mirada fija, la pistola cargada y sin seguro, que traía en el regazo. De pronto, el ojo electrónico habló.

- ¡Señor Marcos!. Le abro inmediatamente…

Marcos entró lentamente atravesando el jardín principal. Miró aquellos rosales, al jardinero al rayo del sol que lo saludaba sonriente, mientras transpiraba aquel sudor que le permitía ganarse el pan. Marcos detuvo el auto, se bajó, y se le acercó.

- Quiero pedirte disculpas por lo imbéciles que fuimos todos
- Pero señor – dijo el jardinero - ¿de que está hablando?
- Ni siquiera sé tu nombre… – dijo Marcos – de eso hablo.
- Mauro, señor. Me llamo Mauro Ayala.
- Mauro, ¿tenés hijos?
- ¡Si señor! – dijo con una sonrisa – tengo dos, uno más terrible que el otro
- Mauro, nunca, jamás, les mientas a tus hijos. Prometeme eso.
- Señor – dijo el jardinero – amo las flores, pero a nada amo más que a mis hijos.
- Me alegro Mauro… - dijo perdiendo la mirada en el cielo – Me alegro.

Dió media vuelta, y prefirió abandonar el auto y seguir el largo sendero a pie. Cuando llegó a la entrada de la casa, lo estaba esperando su padre.

- ¡Marcos!¡Que alegría hijo!¡Gracias a Dios! - Exclamó
- ¿Lo hiciste?¿secuestraste a un tipo en el 80?
- No se de que hablás – dijo el padre mirando hacia su derecha, abajo.
- ¡Secuestraste a un tipo, le sacaron todo lo que tenía, y no conformes, lo mataron!
- Entremos – imploró el padre – hablemos tranquilos.

Marcos entró, y la alfombra de entrada se sentía bajo los pies como un enorme charco de sangre. Veía como en una pesadilla, sangre en todas partes, en aquel jarrón valiosísimo, en esas pinturas originales en la sala, esas arañas de cientos de cristales, todos del color de la sangre. El rojo se empezaba a adueñar de todos sus recuerdos.

- Vine armado… papá…

El hombre ni siquiera se dió vuelta.

- En aquel entonces las cosas eran muy distintas
- ¿La muerte era distinta?
- Si. No lo entenderías. La vida en esos tiempos no valía de mucho.
- ¿La vida de un hijo tampoco?

El empresario secuestrador no tuvo palabras para eso.

- En aquellos tiempos, si secuestrabas a alguien, podía pasar por un desaparecido más
- Pero ustedes pidieron plata. No mucha, no. La pidieron toda.
- ¿Qué buscás con todo esto?
- Lo sabés. Mi secuestro terminó, pero vos no vas a salir indemne.
- Buscás una disculpa… entiendo… yo…
- Quiero la nota, reconociendo el hecho, dando nombres de cómplices, fechas, lugar donde está enterrado el cuerpo de ese hombre, todo.
- Supongo que entenderás lo que implica eso…
- Y después, hay dos caminos. O te pegás un tiro en la cabeza y salvás lo que queda de tu familia, o lo hago yo, y- arruino a mi familia también.

Llegaron al estudio, y entraron. El hombre se dirigió al escritorio, Marcos se le anticipó. Revisó el cajón, y extrajo el revolver que guardaba el padre.

- Me duele que pienses que soy capaz de matarte
- Me duele a mi, papá, porque se que sos mas que capaz de matar por vos.
- Esto – dijo extrayéndo una hoja de uno de los cajones – fue escrito hace veintisiete años.
- ¿Qué es?
- Lo que me estás pidiendo.
- Pero entonces… ¿¿¿porque esperaste a que me arruinaran la vida a mí???
- Nunca quise eso para vos. No tuve alternativa.
- ¿Hay alguien mas implicado en esto?
- Mucho mas arriba de lo que pensás. Nosotros hicimos el trabajo y cobramos. La orden venía de un militar en el poder.

Marcos estaba aturdido.

- Si hablaba, me mataban a mí, a tu madre, a vos y tus hermanos, a tus abuelos, el jardinero, tus amigos, mis amigos, el perro, los vecinos... Si decía algo, era el fin de todo. Y no hubo un solo día, en que no quisiera que todo esto se descubra. Yo fui un peón. Me levantaron una tarde en la calle, mientras iba a un banco. No elegí ser secuestrador. Me levantaron para matarme como a miles. Me llevaron a un lugar donde había mucha gente. Lo que y lo que oí, nunca lo voy a poder olvidar. Y pedí por mi vida. Pedí porque me dejaran ir, prometí que no iba a decir nada. Ese día, estaba el militar que ves ahí en la nota. Andaba por el centro ese de detención. Y la suerte o la desgracia, era que necesitaba a cinco personas para hacer un trabajo. ¿Entendés Marcos?
- ¿y si decías que no?
- Marcos, yo ya estaba muerto. ¡Todo el que entraba y veía lo que se hacía con la gente ahí, no podía volver a salir nunca más! ¿entendés?¡me dieron la posibilidad de mi vida!. ¡O hacía ese trabajo, y quedaba vivo, con mi familia, y con plata suficiente para no tener que hablar nunca, o me mataban ahí mismo, sin volver a verlos!

El padre de Marcos, recordó aquella tarde, en la que suplicaba por hundir su nariz en los rulos de la cabecita de Marcos y su hermano Alejandro. Casi igual, a lo que soñaba Marcos por las noches de secuestrado.

Un ambiente tenso se respiraba en ese estudio. Marcos, absorto, intentando razonar junto a su padre, callado, recordando el horror. De pronto, empezó a leer la nota de su padre.

- A mi me maldijeron Marcos. Para toda la vida. Y no solo a mi, a ustedes también. Y es mi culpa, única, exclusivamente mi culpa, mi elección. Tenía que decidir. Y vendí mi alma. Solamente por volver a estar con ustedes. Hace treinta años que no puedo dormir de noche, por eso, me veías hacer siestas cada tanto. Escuchándolos a ustedes jugar o pelearse.

Marcos seguía leyendo la nota, con la boca abierta.

- Esta nota es una maldición también. Si la publicás, va a ser una cadena de muertes, si no la publicás, vamos a seguir arrastrando esta maldición durante generaciones.
- No se que hacer… - susurró Marcos
- Si no me vas a perdonar lo que hice, o porque lo hice, preferiría que la publiques desde el extranjero, llevándote a tu madre, tu hermano, su familia… todos bien lejos.

Marcos sentía la cabeza envuelta en llamas. No podía pensar con claridad. La seguridad en la casa ahora si tenía justificativos. No le temían a los ladrones, como les habían explicado en su infancia. El terror era otro. Era peor aun.

- Lo de la familia del tipo fue una desinteligencia. Otro grupo tenía que terminar eso para que esto que te pasó a vos no sucediera nunca. Pero ellos apenas secuestraron al hombre, desaparecieron de su casa. Aún hoy los buscan, así que espero que sepan esconderse bien.
¿Los motivos de aquello?. No los conozco. Nunca los supimos. No fue nada personal. Fue lo peor de todo. No sabíamos porque él. Sabíamos que así, volvíamos a ver a nuestras familias. Eran cinco familias contra una Marcos. Era la nuestra y cuatro más, o la de este hombre.
- Papá… tal vez hubiera hecho lo mismo que vos, tal vez no. No importa. Entiendo. Y te perdono. La nota te la dejo. Hacé lo que quieras o sientas. Y no te preocupes por mí, por tu nieta, por Ursula. Vamos a estar bien.

Abrazó a su padre, largamente, y salió de la habitación. Era preferible dejar las cosas como estaban ahora.

Volviendo a su casa, pasó por una agencia donde tomaban avisos para los diarios más importantes del país. Se detuvo, y pagó la publicación de una solicitada en todos ellos, a un cuarto de página.

Poema al jardinero triste
Si el jardinero lee, seguramente sabrá, que lo que mas necesita, es saber la verdad.

Las flores robadas, se marchitaron y murieron, en el otoño del 2009, así como también en el verano del 80. Las que sobrevivieron, fueron encerradas en una caja maldita, y por más que quieran, y tengan la tapa abierta, no pueden salir. El carpintero aún observa, su trabajo sin terminar.

Aquellas Flores que tuvieron la mala suerte de morir, y no pudieron ser regaladas a la persona amada, se guardaron lejos de la luz del sol. Allá en un valle hermoso, suspira la rosa roja, reposando sobre el sueño de un hombre que perdió un tesoro.

En los cuadros sin marcos, donde trabaja el pintor, hay una piedra sin nombre, en la calle del sol, donde la fuente divide las aguas, que darán de beber al excavador.


Juan Pérez - Poeta Contemporáneo


Dos días después, el aviso se publicó en todos los diarios, y mientras la gente pasaba la página con una mezcla de curiosidad y desinterés, Marcos, Ursula y Florencia abandonaban el país.
Aquel fin de semana, bien entrada la noche, en el viejo cementerio de Valle Hermoso, un grupo de personas bien equipadas excavaban una vieja tumba abandonada. Un vecino vió movimientos, pero prefirió callar. Hacía mas de cincuenta años vivía ahí, y era la segunda vez que veía algo así de extraño. Como la vez anterior, cerró las persianas, y se fué a dormir.
Lo que Marcos consideraba el final de una pesadilla, no era más que el comienzo de una historia funesta. Esa historia, que Marcos, después de mucho tiempo, se decidió a publicar en un libro.

Intervalo

Les damos a Marcos y sus amigos un pequeño descanso para que vayan al baño y esas cosas.

Ayer, apareció una Laura nueva, y reapareció otra. Laura la panadera.

Vino a traer a casa, como a las 10 de la noche, la invitación para el cumpleaños de su hija. Yo salí como estaba, o sea, torso al viento.

De no saludarme, de venderme los alfajorcitos de maicena viejos, a venir a casa, a darme un beso muy cariñoso, y a invitarme a su casa con motivo del cumpleaños.

Por otro lado, la Laura que apareció, parece ser una Laura excepcional. La adivino ahora leyendo el blog completo. E indignandose con los comentarios anteriores acerca de las Lauras.

Tal vez, esta Laura haya llegado, para dar fin a una maldición.

Bienvenida.

martes, 17 de febrero de 2009

El secuestro - De la colección CUERVO (CUentos Escritos al Real VOleo) - Parte V

Pensó en que fácil sería encontrarlo si rastrearan el celular que había hecho la llamada, pero claro, evidentemente, nadie además de su familia sabía del secuestro. Y entendía que el motivo por el cual no habían hecho público el secuestro era mas que evidente.

Cuando el jefe se fué, Marcos quedó no solo confundido, quedó desolado. Todo aquello que lo había enorgullecido, ya no le provocaba mas que rechazo. Hasta recordaba su forma de hablar y sentía rechazo. Ursula. Su familia tradicional de la zona pudiente de la ciudad. Los picaportes de bronce que lustraba Irma cada mañana con la pasta de pulir, esa que en los porteros eléctricos termina por dibujar, aún a disgusto de esos pulsadores circulares, una cuadrícula perfecta, fruto de la practicidad y un poco de la vagancia de los encargados de edificios.

Sentía rechazo de lo que había sido su vida. De su padre con un pasado turbio, su madre cómplice y silenciosa. Marcos empezaba a sentir que no conocía a su familia.

Le acercaron a Marcos algunos libros, revistas, el diario del día. El diario, claro, no decía absolutamente nada. Y así fué lentamente cuajando la idea de que no le habían mentido. Llamó al jefe de la banda, que no tardó en aparecer.

- Prestame el celular - pidió Marcos
- Si... ¿y las llaves de tu auto no queres también? - le respondió con ironía
- Prestamelo... lo necesito para terminar esto.

Al principio, el jefe lo miró extrañado, pero entendió lo que estaba pasando. Marcos había reaccionado mejor aun de lo que el esperaba a sus palabras. Cuando lo tuvo, llamó a su padre.

- Habla Marcos - dijo secamente
- ¡Hijo! ¡te dejaron libre!
- No. No me dejaron libre, y no soy tu hijo.
- ¿Que?¿pero que te hicieron?
- Que me hiciste vos... preguntate eso... que nos hiciste a todos
- No entiendo...
- Nos hiciste cómplices, y asesinos, y delincuentes de la peor calaña

No hubo respuesta. Marcos terminó de entender.

- Y pagues o no pagues el secuestro - siguió Marcos - cuando salga de acá, te va a tocar a vos.
- ¿pero que decís Marcos?
- Que cuando salga, te mato.

Cortó. Dejó el celular en el piso.

- ¡Hijo de mil putas!¡Ese hijo de mil putas me dió toda mi vida lecciones de moral! - gritó.
- Tranquilo Marcos... tranquilo... acordate que todo se paga en esta vida.

Los acontecimientos se sucedieron a una velocidad escalofriante.

A la mañana siguiente el dinero estaba en una bolsa de consorcio, en el estacionamiento del supermercado. Por la tarde entró el camión de la basura, levantó todas las bolsas de los tachos, incluída la del dinero. Nadie estaba vigilando. Nadie estaba filmando ni esperando señales.

Marcos abrazó con una fusión de culpa, amargura, odio, y agradecimiento a ese desconocido que lo dejaba en libertad. "Síndrome de Estocolmo" pensó, pero sabía que no era ese su caso.

Marcos fué dejado esa misma tarde en un descampado del conurbano. Con las llaves de su auto, y plata en el bolsillo. Se subió a un taxi y fue derecho a buscar su auto. Recordaba perfectamente que tenía una pistola 22 en la guantera.

Cuando llegó a casa, hubo gritos, llantos, abrazos interminables. Hundió como en el sueño, su nariz en los rulos de Florencia. La besó, y le dijo "te amo" innumerables veces. Después de una hora, se subió al auto y se fué, armado, derecho a su casa paterna.

La idea en la cabeza de Marcos no había cambiado en lo mas mínimo.

lunes, 16 de febrero de 2009

El secuestro - De la colección CUERVO (CUentos Escritos al Real VOleo) - Parte IV

Debido al esfuerzo, a la energía liberada, a ese llanto convulso, cayó en un profundo sueño. Pudo ver a sus amigos, su familia, un domingo de sol en el country jugando al futbol mientras las mujeres se amontonaban al costado de la cancha a comentar maliciosamente acerca de las que estaban ausentes.

Soñó con su padre, con aquella salida de los catorce frustrada por él, pudo ver también, a aquellas novias de la adolescencia que su padre no aprobaba por “pobres”.

Cuando despertó, se sintió desorientado. Una imagen en el sueño lo había perturbado. Vió a todos sus conocidos, desde abajo, como en un pozo en la tierra. El estaba viéndolos, ellos lloraban. El intentaba salir, ellos tiraban tierra y flores.

Marcos lloró también. Quería mucho más que una vida corta y próspera. Quería mucho mas que quedarse hasta las diez de la noche en el bar con los amigotes, quería más que trabajar un sábado para darle a su familia un supuesto bienestar. Quería vivir mucho.

Lo despertaron sacudiéndolo. Le apoyaron un celular en el oído.

- Hablá – le ordenaron
- ¿Hola… hola?
- ¡Marcos! – Gritó Ursula – ¿Marcos como estás?
- Bien… me tratan muy bien acá – dijo

Le arrancaron del oído aquella voz que lo motivaba a seguir vivo

- ¡Pagá y dejate de joder! – le gritó el jefe a la esposa
- Dame un día más… por favor
- Por mí, tomate la vida, el que no tiene un día mas es tu marido

Cortó el teléfono, y se sentó en el piso.

- ¡Salgan todos! - ordenó

Cuando salieron todos los presentes, el secuestrador sufrió un cambio radical.

- Mirá Marcos – dijo – vos sabés que no tengo otra salida. Si no pagan…
- Lo sé. Y si fuera por mí, te doy absolutamente todo, con tal de ver a mi familia otra vez.
- Tranquilo… van a pagar, o no, no importa, los vas a ver de nuevo – sonrió el jefe.
- Pero entonces…
- La plata a mí no me importa... ¿sabés? Mi papá también estuvo secuestrado.
- Lo lamento – balbuceó Marcos
- No creo… porque gracias a el, tu papá hizo una fortuna que no le correspondía.

Marcos no lograba entender. ¿Sus padres habían sido socios? ¿competidores? ¿enemigos? ¿Qué era eso de que su papá había hecho una fortuna gracias a otro?

- Acordate Marcos. Hace unos treinta años, algo pasó en tu casa. Algún viaje, alguna lotería ganada, algún verso de esos… algo pasó, y tu viejo, que era un pobre tipo, empezó a ser un empresario importante. Acordate. Quiero que me hagas ese favor.

Marcos empezó a pensar en eso, entre la sorpresa y la confusión. Cuando el empezaba el secundario, de pronto, lo habían cambiado de escuela. Y de barrio. Su padre había salido a un viaje de negocios a Canadá, y había vendido una patente de un invento, si.

Pero se daba cuenta ahora, que su padre nunca había inventado nada… al menos que el recordara, entonces…

Una angustia indescriptible empezó a hacerse carne en el.

- Pero… no entiendo… ¿mi viejo…?
- Tu viejo te cuidaba como oro Marcos, igual que a tus hermanos.
- ¿Y eso que tiene que ver?
- Nunca les dijo la verdad. Nunca lo va a hacer. Tu viejo secuestró a mi viejo.
- ¡Mi papá nunca haría una cosa así! – se indignó
- Agosto del 79. Mi papá tenía una fábrica, y la vendió después de 40 años de laburo. Lo que sacó, lo invirtió en dólares, en Uruguay. Vino el quilombo del 80, y mi viejo estuvo feliz, porque la teoría decía que nadie en su familia iba a tener que volver a laburar…
- En febrero del 80 mi viejo se fue a Canadá…
- En febrero del 80, a mi pobre viejo, lo secuestraron y lo llevaron vaya uno a saber donde. Mi vieja tuvo que reunir absolutamente todo lo que teníamos, y tuvimos que pagar su rescate. Mi viejo no apareció nunca. Mamá tuvo que salir a laburar, mi hermano y yo, los más grandes, con 12 y 15 años, tuvimos que salir a laburar. Y mientras llorábamos porque mi viejo no volvía, llorábamos por tener que comer pan para darle arroz o fideos a mis hermanitos, llorábamos también por esa suerte que nos tocaba correr. Eso si, nunca lloramos como vos acá…

Marcos mantenía el silencio. No podía creer lo que estaba escuchando.

- …Y si tu mujer no paga, tu viejo va en cana y pierden todo. Si tu mujer paga, y vos contás esto, tu viejo va a venir por la venganza, pero va a ir en cana porque la causa de mi viejo sigue abierta gracias a nosotros. Así que, van todos en cana y pierden todo. Si pagan, y todo queda como si nada hubiera pasado, ustedes pueden seguir como hasta ahora. Habrán perdido un par de millones de dólares, que fue exactamente lo que perdimos nosotros. Tu viejo sabe quienes somos. Pero al día de hoy, no dijo nada.

- ¿Y porque no pagan entonces?
- Porque una de las condiciones es que firme una nota en la que se declare culpable del secuestro de mi viejo, y diga donde está el cuerpo. Simple ¿no?. A mí, la plata no me importa, nosotros dentro de todo, salimos adelante. A mi vieja le pudimos comprar una casita de mierda entre todos los hijos, como para que muera dignamente. Lo que me interesa, es que tu viejo pague la culpa, y que toda su familia sepa la clase de tipo que es. ¿La nota? Es para nosotros, por las dudas. Dos millones, ciento veinticuatro mil seiscientos treinta y dos dólares. Exactamente eso es lo que queremos.

Marcos sintió un dolor inmenso en el pecho. Lagrimas, ya no le quedaban, pero no podía soportar la idea de que su vida sin preocupaciones fuera producto de la miseria y el dolor aberrante de otra familia. El, que había menospreciado a la gente que vivía en barrios humildes, de pronto sentía un asco insoportable por el mismo.

- Ya no habrá mas golpes Marcos – dijo – me parece que con esto tenés suficiente.
- No se que decirte… porque lo único que me sale es “perdón”.
- Es suficiente... Mas aún, que la plata de tu viejo.

Ahora, en la cabeza de Marcos, solo daba vueltas una idea.

viernes, 13 de febrero de 2009

El secuestro - De la colección CUERVO (CUentos Escritos al Real VOleo) - Parte III

A los pocos minutos lo vinieron a buscar. Lo acompañaron al baño. Y como en los últimos 4 días, orinó con un poco de sangre. Pero eso ya no lo preocupaba a el. A sus captores, sin embargo, los inquietaba bastante.

Lo acostaron con cuidado, lo taparon, y lo dejaron dormir.

- Muerto no vale un carajo - dijo la mujer
- Vivo por ahora, parece que tampoco - replicó el hombre
- Todavía no me dormí - susurró Marcos desde el colchón en el piso.

Los dos secuestradores salieron rápidamente de la habitación. Marcos esta vez, no pudo evitar llorar en silencio. Algo le decía que no iba a salir de esta situación vivo.

Lo único que le pedía al cielo era volver a ver a su familia, aunque mas no fuera unos minutos mas. Llevarse con el sus aromas, sus imágenes, sus texturas. Quería abrazar desesperadamente a su esposa, con la cual no se llevaba para nada bien, pero en ese momento, era la persona que mas amaba en el mundo. Quería hablarle a su hija, apretarla fuerte contra su pecho, besarla, acariciarle la carita perdiendose en sus ojos marrones, esos mismos que el abuelo Estanislao había despreciado alguna vez, por no ser celestes.

Claro, como a todos, le sucedía el "darse cuenta". Se daba cuenta que fuera de los roces estúpidos, las peleas sin sentido y las infidelidades por parte de ambos, pasaban a ser totalmente secundarias.

Hoy importaba estar juntos, y mas aún, importaba estar vivos.

Cuando entro el jefe otra vez, a media tarde, Marcos se acomodó para recibir los golpes usuales.

- Tengo algo para vos - dijo el jefe empuñando un arma.

Marcos vió y reconoció lo que empuñaba. Era una Eagle Desert .50, y estaba apuntándosela directo a la frente a menos de un metro.

Supo lo que era, porque uno de sus inútiles pasatiempos era comprar revistas de armas, o buscar fotos y videos en internet, o ir a las exposiciones de equipamiento militar, y se asombraba, se estremecía y gozaba con el poder destructivo de las armas mas sofisticadas, y tambien con el de las mas brutales.

Pero claro, esta vez era distinto, porque el que estaba frente a una de esas armas que tanto había admirado en el pasado era él. Y no sentía ni admiración, ni placer. Sentía terror. Sentía impotencia y miedo, angustia, y la certeza de que ese sería su ultimo momento en la tierra.

Pensó que no le gustaba la idea de morir en un lugar oscuro y de un balazo en la frente. No se condecía con su sueño de ser viejito y tener una casa en la playa, o de morir en Hawaii haciendo surf como alguna vez deseó. No, esta realidad no tenía nada que ver con esos sueños que había tenido de felicidad y muerte apacible.

Esta vez sentía lo que sienten los que pierden la vida frente a un arma, los que fueron atacados, los que combatieron en una guerra. Y sintió de pronto que las armas no le gustaban nada. Sintió que todas esas revistas no tenían la capacidad de transmitir lo horrible y aberrante que son las armas, y que engañaban a la gente con sus cuadros comparativos de poder de fuego, velocidad de repetición y fuerza de impacto. Hoy a Marcos, todos esos numeritos le decían una sola cosa: Muerte.

El jefe gatilló y el disparo tronó e iluminó momentaneamente la habitación.

Lentamente, los ojos cerrados y apretados de Marcos se comenzaron a relajar. Los oídos le dolían y comenzó a levantar suavemente los párpados. El jefe estaba mirándolo, y por lo que podía adivinar, no estaba muerto.

- ¡Puta!... ¡que puntería de mierda tengo!... eso si, si tu mujer no paga hoy, mañana no le erro.

Marcos se desvaneció en el colchón, víctima de una angustia nunca antes conocida. La tensión nerviosa, la velocidad de su sangre fluyendo desbocada, de pronto sintieron una especie de orgasmo tenebroso que le provoco la relajación de todos los músculos del cuerpo, y ya no pudo sostenerse en pie. La sangre volvió a su fluir normal, su corazón comenzó a regularizar los latidos, y su presión arterial comenzó a bajar.

Vomitó, y no pudo controlar sus esfínteres.

Y por primera vez en muchos años, lloró desconsoladamente.

Mas intensamente aún, que aquella vez a los 14 años, cuando su papá no lo dejo salir en el auto con sus amigos del colegio.

jueves, 12 de febrero de 2009

Reaparecio "Cal"

Recuerdan ustedes al lector Cal?

Volvió a escribirme.

Mejor ni les cuento. Y Cal, si te llego a enganchar por la calle, ya sabes, correte rápido.

MUY rápido.

El secuestro - De la colección CUERVO (CUentos Escritos al Real VOleo) - Parte II

El golpe de la puerta lo sobresaltó. No le venían a traer el agua.

Otra vez, el que parecía ser el jefe de la banda.

El ritual era diario. Venía con todos los integrantes, y se dedicaba a golpearlo, a la vista de todos, para mostrar quien era el que mandaba, y como se hacían las cosas.

Primero lo ponían de pie los ayudantes, y el le pegaba en el estomago, en la cara, en las costillas. Así, hasta que no podía sostenerse, y caía al piso. Y entonces, venían las patadas en la espalda, en el estomago, o donde hicieran blanco.

Así, lo dejaban semi inconsciente, y se iban, detrás del realizado jefe, los cabizbajos secuaces.

Lo que se estaba generando ahí era una polaridad, ya que a la brutalidad de cada noche cuando aparecía el jefe, se contraponía la "amabilidad" con la que lo trataban los otros durante el día.

Llegaba papá a la noche y lo mandaba a la cama, y durante el día, se quedaba al cuidado de mamá.

No pudo evitar reírse al hacer esa comparación absurda.

Se pasó la lengua por los dientes que aun no había perdido en esa guarida, y los advirtió sangrantes. Aquellos dientes que lo habían enorgullecido mas de una vez en las revistas de actualidad, hoy estaban perdidos y se retoñaban en algún lugar del suelo de esa oscura habitación.

Pero el, pensaba solo en Florencia y en Ursula, su esposa. Parecía mentira, pero en aquel momento, ni siquiera recordaba su auto de lujo, su pequeño yate en el astillero, sus amigos del exclusivisimo club ni los lujos de las casas que conocía tan bien.

En ese momento, ni siquiera podía sentir dolor. Lo único que podía hacer era extrañar a su familia.

Cuando la puerta se volvió a abrir, entraron dos personas, y el instintivamente se acurrucó para recibir las patadas ya conocidas... esperó, y se sorprendió.

Entraron con un colchón. Lo acomodaron en el suelo, y lo ayudaron a incorporarse. Lentamente, con sumo cuidado, lo ayudaron a acostarse. Casi lo obligaron a abandonar esa posicion fetal, lo estiraron hasta que pudo permanecer en esa posición.

- Tenes frío? - le preguntó una mujer
- Un poco... quisiera ir al baño...
- En unos minutos, esperá a que se vaya... - respondió un hombre

Marcos se quedó en el colchon nuevo, entrando en calor con la frazada que le habían alcanzado.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El secuestro - De la colección CUERVO (CUentos Escritos al Real VOleo) - Parte I

Lentamente abrió los ojos, y se le inundaron de oscuridad. Sintió un recuerdo vago, como de un terror que ya había vivido alguna vez. Aquel terror de infancia, que lo hacia ver rostros diabólicos en el yeso de la pared.

De pronto recordó aquello que lo aterrorizaba hoy.

Habían pasado ya ocho días desde el secuestro, en el estacionamiento del supermercado mas grande de la ciudad. Ocho días de no ver a su familia, de la incertidumbre cruel de no saber si volvería a abrazar a su hija Florencia, a oler su pelo cuando ella duerme, a abrazar a su esposa, o pelearse en silencio en la cama mientras el aire escupido por el ventilador los acariciaba, oficiando de mediador desesperado.

Intentó concentrarse, pensar en positivo, soñando con un rescate, una oportunidad de escape, un milagro tal vez.

Se dió vuelta en el piso, sintió adolorida la espalda, los brazos, el cuello. Al hacerlo, tumbó involuntariamente una botella de agua que le habían dejado. Segundos después se abrió la puerta y entró un encapuchado

- Dale boludo, tirá el agua, así te nos morís deshidratado!
- Perdón... yo...
- Vos rezá para que tu mujer pague... el agua te la traigo yo en un rato.

Se dió vuelta y dejó la habitación a oscuras, tal como antes.

- Se preocupan por mí - pensó - eso quiere decir que no van a matarme...

No lo sabía. No podía asegurarlo. Y empezaba a descreer en esa seguridad.

Cerró los ojos, y en un instante, estuvo con la nariz enterrada en una parva de rulos negros, sobre la cabecita dormida de Florencia.

martes, 10 de febrero de 2009

Remembranzas

Como hoy me levante con ganas de hacer daño, les tiro lo siguiente:

¿Se acuerdan del programa "Cortito y feliz" de 1982 con Rina Moran y Adolfo Cascini?

Ahí tienen.

Ahora vayan... e intenten continuar con su día normalmente. A ver si pueden...

(Nota: Se intentó por todos los medios conseguir fotografías de los mencionados conductores de aquel ciclo sabatino, pero no hay ni una sola en toda la web. Apareció una de Rina Moran cuando tenía 8 años, pero no daba para ponerla)

lunes, 9 de febrero de 2009

Nos vinimos locos o que e' lo que pasa doña!!!!

De un tiempo a esta parte... (¡que frase inexplicable esa!).... mejor empecemos de nuevo.

Hace ya un tiempo que somos las potenciales víctimas de un ataque terrorista. Y ese ataque no viene desde el cielo, ni desde el mar, ni siquiera desde afuera. No. Viene de adentro. De adentro de casa.

Viene de la TV, la radio, los medios impresos.

Resulta que el peor terrorista hoy de la República Argentina, es nada mas ni nada menos que "La Serenísima".

Desde advertirnos los riesgos fatales del "tránsito lento", al ataque de los ejércitos (¿¡!?) del frío o del calor, o hasta decirnos que ser un chico y jugar como tal es un riesgo mortal, su campaña del terror no tiene límites.

Hoy necesitamos de sus productos y no solo para ser saludables. Los necesitamos para no morirnos en los próximos días. Para no atrancarnos con un bolo fecal maligno, un resfrío mortifero, o una ausencia total de flora intestinal que nos causaría un daño irreversible mas veloz y mas feroz que el ébola.

¡POR DIOS SANTO! ¡ES UN PUTO YOGUR! ¡ES (casi) LECHE CARAJO!

Y supongo que La Serenísima, junto con "hotdog" Ibañez, nunca nos invitaría a recorrer sus instalaciones de producción de quesos... ahí quiero ver si tienen menos de 100.000 no se que cosas y mas de 8 millones de lactobacillus GG. Ahi nos desmayamos del asco de ver las cuajadas llenas de moscas y gusanos que luego se le retirarán al sr queso, para que pueda salir a las góndolas de su supermercado amigo.

Otro que tiene accionar terrorista, es "Ayudín". "Cuidá lo que mas querés" dicen. "¡Salva a tus hijos, desinfectales el universo!".

No digo que este mal la limpieza. Ojo, no es eso lo que estoy diciendo. Digo que tal vez, algo de vida, algo de bacterias y virus, algo de infecciones, no sea tan malo después de todo. Tal vez sea hasta necesario para el cuerpo para crear defensas. Como con las vacunas.

Ah no... claro... si creamos defensas, después no nos pueden vender medicamentos. Cierto. Que tonto soy...

Lysoform existe desde que tengo memoria. Y en estos años se sumó recién a la campaña. Antes, era producto hospitalario y en ALGUNAS casas se veía el aerosol en el baño. Hoy son producto de góndola.

No nos dejemos aterrorizar. Desde todos los ángulos nos quieren hacer creer que necesitamos de algo o alguien para poder vivir. ¡Y no es así!

Todo lo que necesitamos, ya lo tenemos. Desde que nacimos. Nosotros mismos somos todo lo que necesitamos.

Lo demás, es un extra.



Si quieren vivir el terror en serio, esperen a que empiece a publicar la historia que estoy pergeñando

viernes, 6 de febrero de 2009

M

Señorita M.

Otra vez soñé con ella... Dios... se hace tan difícil ya soportarlo... esos sueños son una bendición cuando aparecen y una tortura cuando terminan.

Ella se había cortado el pelo como para despistarme, pero eran esos mismos ojos verdes. Y esos mismos besos. Y ese mismo atractivo sexual.

Otra vez, soñé con ella.

La buena noticia es que ya no se llaman Laura quienes arruinan mi vida una y otra vez como sucedía en antaño. Lo malo, es que se amplió demasiado el espectro. Ahora son nombres que estuvieron de moda en los 70.

¡Malditos años!.

Como si no fueran poco los asesinatos de varios presidentes, el mayo francés, Cuba, el Che, la guerra egipcio-israelí, la aparición de Mafalda, la llegada a la luna, la liberación violenta del Congo Belga (actualmente Zaire), la guerra de Vietnam, la amenaza roja, la amenaza amarilla con Mao, las idas y vueltas de Peron, el descubrimiento del LSD, la separación de los beatles... como si no fuera suficiente despelote y confusión con todo eso, empezaron a nombrar a las nenas con todos aquellos nombres que me harían padecer el infame castigo de la realidad para con el hombre que quiere vivir todas las vidas en una sola.

Debería escribir la opereta "Lo que me costó el amor de Laura, y el de Marina, y el de Celeste, y el de Maira, y el de Melina, y el de etc, etc, etc"

Además de eso, soñé que iba a salir el 0210 a la quiniela, no se a cual, así que jueguenle unos pesillos y si agarran algo, me avisan, así les paso todo lo que sueñe en los próximos años.

El lunes 9 vuelvo a trabajar, y a la publicación diaria. O sea, que si esperaban una buena noticia... bueno, tal vez si sale el 0210 a la cabeza en la nacional nocturna, esta sea una buena noticia.

martes, 3 de febrero de 2009

Volviendo al aire

Las vacaciones van llegando a su fin. Hay miles de cosas que contar, buenas, malas, en fin... las vacaciones son como las fiestas. Sirven, y hacen quilombo también.

Desde estar en un ómnibus rumbo a bahía blanca, al entierro de un tío, desde el divorcio, a estar en el medio del río tirado, desde putear al vecino de atras, a conocer gente fabulosa en medio de la nada, todo eso, sucedió en el transcurso de 20 días.

Cosas, que jamas imaginaría posibles ni para las vacaciones, ni para el resto del año.

Y en realidad, creo que las vacaciones resultan ser algo incierto, y por eso son tan esperadas: Las vacaciones son incertidumbre. Comemos mal (o muy bien, según quien), dormimos hasta tarde, besamos mucho, nadamos algo, caminamos, reímos, charlamos.

Lo único que sabemos, es que mañana no hay que ir a trabajar, y eso es suficiente como para hacernos sentir vivos.

Las fotos, proximamente.